En el último mes he realizado un curso intensivo de economía. Me sumergí en conceptos, exploré diferentes escuelas de pensamiento y, por primera vez, entendí cómo se traduce todo esto en la vida real. Antes, la economía me parecía un mundo complejo, lleno de conceptos difíciles y gráficos intimidantes. Pero hoy sé que es una herramienta clave para comprender el desarrollo de los territorios, sus oportunidades y, sobre todo, analizar el impacto de eventos que antes veía solo como entretenimiento.
El caso de Shakira en Barranquilla es un ejemplo perfecto de cómo la cultura y el arte pueden ser motores económicos de gran escala. Su reciente presentación en el Estadio Metropolitano no fue solo un evento musical; fue una inyección multimillonaria para la ciudad. En dos noches, más de 85,000 espectadores llenaron las gradas, y el 52% de ellos vinieron desde otras regiones y del extranjero, dejando tras de sí un rastro de dinamización económica palpable.
El impacto económico estimado supera los $67,000 millones de pesos colombianos. Más allá del espectáculo, los hoteles registraron una ocupación superior al 90%, beneficiando a más de 250 establecimientos. El turismo fluyó con intensidad: el Gran Malecón, uno de los principales atractivos de la ciudad, recibió 45,600 visitantes en la semana de los conciertos, el doble de su afluencia habitual.










