Han notado que, de pronto, en un viraje retro, todos quieren hacer parte de una década que ya pasó hace mucho tiempo? Se trata de los bonancibles 80. De pronto, los ochenta están en todas partes. La gente se afana buscando aplicaciones que conviertan una selfie o una foto familiar reciente en una imagen que evoque el esplendor de esa década. Otros buscan en los “cuartos del olvido” utensilios como grabadoras, casetes, fotos instantáneas y walkman para recrear un sitio en la sala, inventarse una fiesta vintage o decorar su negocio con estos motivos.
‘No es de extrañar que se pongan de moda otra vez los encopetados y voluminosos peinados “permanentes” aplastados de laca, maquillaje intenso, las chaquetas anchas, hombreras y blazers, los pantalones de tiro alto, las mallas, la moda aeróbica, los colores estridentes y el neón imponente, así como otros objetos que creíamos condenados al olvido.
Hay algo extraño en esta reciente costumbre de mirar hacia los años ochenta como quien abre un viejo álbum familiar y busca algo que aún no sabe qué es. Se trata de una curiosa añoranza de algo que la generación actual nunca perdió. Que lo extrañe yo, que tuve mis años de ser “felizmente irresponsable” en esa década, es comprensible. Pero que mis hijos y sobrinos, de pronto, se hayan topado con la necesidad de revivir un tiempo previo a su nacimiento sí amerita, al menos, una reflexión psicosociológica.











