Este Domingo 18 de febrero se celebra el Día Internacional del Asperger, y teniendo en cuenta que el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Educación, la Gobernación, la Alcaldía, entre otras instituciones se encuentran promoviendo el tema de la inclusión, considero pertinente no sólo abrir un espacio de conmemoración, sino de sensibilización con respecto a cómo ser realmente inclusivo.
Las personas tienen en el imaginario que las limitaciones que pueden presentar los seres humanos, son sólo físicas y cognitivas, por ello crean espacios orientados a que dichas personas logren un desarrollo a nivel integral de sus facultades; por lo general las entidades velan por el derecho a la educación y el trabajo, aunque deberían también brindar apoyo entorno a su ambiente personal, familiar y social, toda vez que estos también se ven afectados.
Pero, ¿cuándo hemos visto que se hable de ayudar a las personas con limitaciones afectivas y emocionales, las cuales conllevan al deterioro de las relaciones interpersonales? Nunca. Damos por sentado que relacionarnos es algo que se encuentra en el ADN de todos y no es así. No todas las personas contamos con la capacidad para expresar lo que sentimos, para comprender los sentimientos de los demás, o para dar un simple abrazo. Si hablamos de limitaciones que nos cierran puertas, esta es una muy grande, porque nos encontramos en una sociedad donde la capacidad para relacionarte define tu ingreso y estabilidad laboral, tu entorno familiar, social y por ende tu calidad de vida.











