Desde el mediodía, las calles del centro se convierten en escenario de una de las manifestaciones de fe más importantes de la ciudad: la salida de los nazarenos penitentes. El recorrido inicia en la calle 15 y culmina en la iglesia de La Inmaculada Concepción, donde los nazarenos elevan una oración al Jesús Nazareno en señal de agradecimiento por haber completado su penitencia.
Durante el recorrido, los penitentes se distribuyen en distintos tramos de la calle 15, organizados en cuatro estaciones. La primera se extiende desde la calle cuarta hasta la iglesia de La Inmaculada Concepción; la segunda, desde esta iglesia hasta la Catedral del Rosario; la tercera, desde la catedral hasta el sector de El Calvario; y la última, desde la carrera doce hasta este mismo punto. Aunque no todas las penitencias finalizan en el mismo lugar, cada participante debe culminar su recorrido en la iglesia de La Inmaculada Concepción para dar por terminada su promesa.
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Las penitencias comienzan a las 12:00 del mediodía y se prolongan hasta las 2:00 de la tarde. En total, son seis las prácticas que realizan los fieles, cada una con un significado particular:
El ayuno es considerado la penitencia fundamental. Esta es necesaria para cumplir las demás. Representa el arrepentimiento y la disposición espiritual, y se entiende como la base de toda práctica penitencial, junto con la oración y la limosna.
El aspado simboliza la crucifixión de Cristo. Consiste en atarse a un madero, como muestra de entrega total y sometimiento al Nazareno.
La penitencia denominada “Cristo” anuncia simbólicamente la crucifixión, recordando el sacrificio realizado por la redención de los pecados. En esta penitencia, el nazareno sostiene en sus manos, contra el pecho, la imagen de Jesús crucificado.
La práctica de brazos cruzados representa el dolor y la contrición por las faltas cometidas. Esta simboliza una expresión íntima y personal de arrepentimiento.
El azote, una de las penitencias más fuertes, consiste en castigarse físicamente como referencia a los latigazos que Cristo soportó por el perdón de nuestros pecados.
Finalmente, la cruz evoca la figura del Cirineo, quien ayudó a Jesús a cargar el madero hacia el Calvario, y también simboliza la carga personal que cada creyente asume en su vida. En esta penitencia, el nazareno deberá arrastrar una cruz en su trayecto, así como lo hizo Jesús.
Cada penitente realiza estas prácticas según sus propias intenciones: algunos como agradecimiento por favores recibidos y otros como acto de arrepentimiento.







