8 julio, 2021

Recital en homenaje al poeta Luis Mizar

Para los que conocimos a Luis Mizar es inolvidable. Fue un destacado tallerista de creación literaria a nivel nacional. Sus primeros poemas fueron publicados en la revista ‘El Candil’ de la Universidad de Cartagena (1984).

Dibujo de Kajuma.

En homenaje al poeta vallenato Luis Mizar Maestre (1962-2015), un grupo de amigos amantes de la literatura ofrendan un recital con poemas de Mizar y de otros autores en su honor.  El homenaje es hoy jueves (8 de julio) en el Café de Margarita Rosa Quiroz, ubicado en el Centro Artesanal Calle Grande. El evento es coordinado por la Asociación Valle de Poesía, que lidera Eduardo Santos Ortega,  y por el poeta José Atuesta Mindiola. Y participaran, entre otros, Wilfrido Rodríguez, Marta Navarro, Marielsy Zequiera, Wilson Simanca (Wilsao), Guillermo Silva y Edith Ramona Mendoza. 

José Atuesta, Luis Mizar,  Víctor Rodríguez y César López, 1994.

De Mizar, dice el escritor Juan Manuel Roca: “A lo mejor muchos distraídos habitantes de su región aún no se han dado cuenta de lo enraizado como estaba el poeta amigo en su paisaje, pero para nadie que lo conoció resultará olvidable”.

Es cierto, para los que conocimos a Luis Mizar es inolvidable.  Fue un destacado tallerista de creación literaria a nivel nacional. Sus primeros poemas fueron publicados en la revista ‘El Candil’ de la Universidad de Cartagena (1984). Ganador de varios concursos regionales de cuentos y poesías, en 1996 ganó el Concurso Internacional de Poesía Carlos Castro Saavedra con el poemario ‘Psalmos Apócrifos’. Dejó una extensa obra poética publicada: ‘Expresiones para el descalabro’, ‘Partitura en sepia para la maga’, ‘Bitácora del atisbador’, ‘Letanías del convaleciente’ y ‘Brizna de la Nada Umbría’. 

Psalmo de la primera piedra

Señor, puesto que yo soy 

todos los hombres

es justo que sea condenado

por haber arrojado la piedra

que golpeó el rostro del ángel

y volvió añicos el cielo

creyéndome

(en un peregrino arrebato 

de santidad)

libre de la renga sombra 

de los pecados.

                      ///

Psalmo del toro barcino 

Señor, estoy pasando por 

momentos difíciles y en estos días 

de ventanas cerradas y heridas abiertas  

me busco en el barro pegajoso 

de la calle Piñango y no me encuentro.  

Me indago en el viento triste que noche 

a noche invade el callejón de los estribos  

y la respuesta es dura  

como un inesperado golpe de piedra: 

¡Ten valor y no huyas de ti mismo! 

Conmovido, escucho el rumor del mar 

y el rumor del mar me exclama: 

Si hoy tienes valor, mañana 

no estarás muerto!
“Señor, en estos momentos 

apretados de sal.  Dame valentía, 

dame serenidad para lidiar 

el toro barcino de cornamenta brava 

que será el día de mañana.

            //

Salmo del Valle de Upar 

  (Por Juan Manuel Roca) 

Si el viento trae vagos acordes

Del cantor que venció al oscuro

En un claro del bosque

Y de la noche.

Si desciende en el torrente

Del invierno

Una flor robada por el río

A la tumba de Lorenzo Morales

Si el agua

Se baña a sí misma

En los charcos de la luna.

Si la ceiba

Dibuja en la pizarra del río

El mapa de su fronda,

Es hora, compadre Luis Mizar,

De escribir un nuevo salmo.

              ///.

Partitura del descalabro de Mizar 

(Por Wilfrido Rodríguez Orozco)

Este cuerpo traidor

ha tatuado en mi piel

relatos que ocultan

briznas de oscuridad.

Es mordisco de culpas,

alas desvanecidas,

sorda mezquindad,

demonio que humaniza

la perfecta ingravidez.

¿A dónde van?

¿En qué pozo se pudren

las breñas del recuerdo?

Duele cerrar los ojos

en la noche temprana

despidiendo las sombras

bajo el sol de mi cabeza.

           III

Itinerario del poeta Mizar  

(Por José Atuesta Mindiola)

Por el invierno que apresura 

la tristeza en los zapatos de Vallejo.   

Por las lágrimas de la noche 

en el lienzo de Penélope. 

Por la mariposa que sueña 

en las barbas del abuelo.  

Por la ironía de los clavos 

en la sangre del madero.  

Por los espejos del mar  

en la risa de los alcatraces.  

Por la dudosa penumbra 

de la linterna de Borges.  

Por la ruta apacible del venado  

en la tarde mansa del jaguar.

Por la renuncia del cazador   

que regresa con el peso 

de su sombra. 

Por: Amigos de la literatura