Hoy el cielo de Valledupar no solo se tiñó con los arreboles del Domingo de Ramos, sino que se abrió de par en par para recibir a una de sus guardianas más fieles. Mi amada Mary Saurith Ribón de Ortega, mi guía, mi cómplice de lienzos y tradiciones, ha emprendido su vuelo hacia la morada del Altísimo, justo cuando los olivos benditos marcaban su entrada triunfal. Se nos va la mujer que nació en Convención (Norte de Santander) hace 78 años, pero que desde los cuatro arraigó su alma en este Valle del Cacique Upar, convirtiéndose en el tejido mismo de nuestra identidad.
Como exalumnas de nuestra entrañable Sagrada Familia, compartimos un hilo invisible pero inquebrantable. Ella, promoción del 65; yo, del 89; unidas por esa vocación franciscana que nos enseñó a ver la belleza en el servicio. Mary no fue solo una amiga de mis padres, Elfido y Elizabeth; fue el faro que iluminó mis pasos en el arte y el patrimonio. Su vida fue una cátedra de excelencia: desde su formación en Sociología y sus diplomados en Salamanca, hasta su entrega en instituciones como el ICBF y la Cruz Roja. Pero fue en la cultura donde su fuego brilló con más fuerza.
Este año, la Red Colsafa se preparaba para exaltarla en el EmPoderArte VI, bajo el título “El Manifiesto de Mary Saurith”. No era un nombre al azar; era el reconocimiento a una mujer que hizo de su existencia un performance de coherencia y amor. Mary era la columna vertebral de nuestra Quinta Puesta en Escena del Baile de Piloneras. La veo todavía, con su alegría desbordante, coordinando a las Piloneras Mayores de la Fundación de la Leyenda Vallenata o gestionando con AVIVA el rescate de nuestro Centro Histórico.
¡Ay, Mary! Me dejas el alma suspendida en un verso de bando. Tu legado no es solo el mural de las etnias de la Sierra Nevada o tus novenas pedagógicas; es la dignidad con la que portabas el folclor. Fuiste el motor de tu esposo, Rodolfo Ortega Montero, y el orgullo de tus hijos María Isabel, María Carolina y Carlos Rodolfo. A ellos, a tus hermanas y a tus sobrinos, les queda el tesoro de haber caminado junto a una mujer que no solo coordinaba el desfile; ella era el desfile.
En este EmPoderArte VI, tu manifiesto se vuelve eterno. Tu pasión por las “voces expresivas” y esos disfraces que cada octubre nos recordaban que la creatividad no tiene edad, son ahora nuestro testamento. Bailaremos por ti en esta quinta puesta en escena con el doble de fuerza, porque ahora tu falda no rozará el suelo, sino que barrerá las nubes.
Siguiendo el ejemplo de nuestro padre San Francisco, no lloro una pérdida, sino que celebro tu encuentro con la “Hermana Muerte”. Porque, como él decía, “es muriendo como se nace a la vida eterna”. Te vas cargada de todo lo que diste. Descansa, mi Pilonera Mayor. Tu nombre queda grabado en el polvo bendito de nuestras calles y en el latido de una Red Colsafa que hoy te llora, pero que mañana te bailará para siempre.
Por: Yarime Lobo Baute
Artista | Arquitecta | Artista
Mujer Cafam Cesar 2022







