El marañón pasó de ser una fruta de patio a convertirse en una apuesta agroindustrial sólida en el Cesar. Juan Pablo Lafauríe, presidente de la junta directiva de la Asociación de Marañoneros del Caribe (Asomarcar), explica cómo un grupo de agricultores, buscando alternativas a los cultivos tradicionales como el algodón y el arroz, estructuró un plan de negocios que hoy cuenta con 79 asociados en seis departamentos de la costa Caribe.
Con proyecciones claras de mercado, alianzas comerciales y la implementación de maquinaria para procesar la almendra, el departamento del Cesar se perfila como una región clave para el desarrollo de este cultivo, gracias a sus tierras y la resistencia del árbol ante la escasez de agua.
¿Cómo nació la idea de sembrar marañón en el departamento del Cesar?
La idea nació en noviembre de 2019 de un grupo de agricultores del departamento. Nos reunimos en la Cámara de Comercio porque queríamos explorar cultivos diferentes a los tradicionales, como el algodón y el arroz, que poco a poco han perdido relevancia. Analizamos tres opciones: el mango, el coco y el marañón, y a partir de ahí decidimos que este último sería un producto de gran relevancia. Así nació la asociación.











