POLÍTICA

La nueva Venezuela y el discurso chimoltrufesco

De un momento a otro, el régimen pasó de enemigo histórico de Estados Unidos a aliado pragmático.

Nicolás Maduro en juicio.

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Si en un ámbito de la vida los odios se tornan más pasajeros y deleznables, es en el de la política. Eso lo demuestra el giro quirúrgico del discurso chavista después del secuestro y posterior enjuiciamiento de su presidente, Nicolás Maduro, por parte del gobierno de Donald Trump. De un momento a otro, el régimen pasó de enemigo histórico de Estados Unidos a aliado pragmático. Para Chávez, los presidentes del país del Norte “olían a azufre”; ahora, el pirata global gringo como que seduce con su fino perfume a los epígonos que juraban lealtad al fallecido padre de la “revolución”.  

Venezuela estrena con Delcy Rodríguez no solo una vicepresidenta que remplaza al depuesto Maduro, sino una subpresidenta de Donald Trump; alguien dispuesta a seguir fielmente “la plana” que le imponga el veleidoso y megalómano mandatario estadounidense. Si alguien me hace recordar la nueva versión de Delcy Rodríguez, es al caricaturesco personaje de la Chimoltrufia, creación del genial Roberto Gómez Bolaños e interpretado por su pareja, Florinda Meza. La Chimoltrufia, una mujer sin hijos, pareja de un ladrón de poca monta, Botija; de sectores lumpenizados, chimuela y desaliñada, encarna ese tipo de personas con disonancia cognitiva, incoherente en sus opiniones, pusilánime y acomodada a las circunstancias. Su talante se refleja bien en su famosa frase: “Yo, como digo una cosa, digo otra”. Esa es precisamente la frase que mejor le calza hoy a Delcy Rodríguez, a su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, y a Diosdado Cabello, el poder en la sombra de Venezuela.      

La captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, marcó un antes y un después, no solo en la realidad política venezolana, sino también en el discurso del oficialismo que, hasta entonces, había construido su legitimación desde una narrativa de soberanía, patriotismo y odio contra “el imperialismo yanqui”.  Si había un gobierno con sólidos, irrenunciables y arraigados principios de no negociar su soberanía, sus recursos petroleros y su ideología socialista, era el venezolano. De pronto, con Maduro capturado, “todo se derrumbó”, como dice la canción; recogieron las viejas opiniones y emergieron otras que les garantizan, no se sabe por cuánto tiempo, mantener algunos privilegios del poder.   

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