OPINIÓN

Valledupar emergente: de cara a Venezuela (2/3)

En lo comercial, los Informes de Coyuntura Económica Regional del Banco de la República, publicados entre 1999 y 2015, documentan que Venezuela fue, con creces, el principal socio comercial del departamento durante décadas —excluyendo el carbón—

Sebastián Manotas, columnista de EL PILÓN.

Sebastián Manotas, columnista de EL PILÓN.

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Yo me fui pa’ Venezuela; decepcionado de Valledupar (bis); Como si la ausencia fuera; remedio para olvidar (bis)“: El mejoral de Rafael Escalona.

Que Rafael Escalona y otros grandes compositores hayan escrito versos mencionando a Venezuela, dice más sobre la relación entre Valledupar y ese país que cualquier informe de comercio exterior. No solo porque esas obras sean un archivo histórico oral de lo que ocurría en nuestro territorio, sino porque capturan algo que los datos confirman: Venezuela no ha sido para esta ciudad un país lejano.

El Cesar y Venezuela comparten cerca de 150 kilómetros de frontera a lo largo de la Serranía del Perijá. Valledupar no está entre los municipios directamente fronterizos, pero su relación con el Zulia y con Maracaibo es tan antigua que se remonta a la Colonia y se mantiene vigente hasta hoy, atravesando el siglo XIX, el XX y las crisis económica, social y migratoria del XXI. Una frontera que, históricamente, ha funcionado más como puerta giratoria que como muro.

Recientemente, Juan Carlos Quintero, director de El Pilón, compartió en un evento de la Academia de Historia del Valle de Upar que Venezuela contribuyó en la creación de nuestro departamento. Destacó, más allá de los lazos comerciales, la cercanía entre las dirigencias de ambos territorios, la formación de talento humano colombiano en las universidades venezolanas y el interés por consolidar una ideología de integración —plasmado en las publicaciones de la Revista Perijá que impulsaban el hermanamiento del Cesar y el Zulia—.

La crisis venezolana que se recrudeció desde 2015 revirtió la dirección del flujo migratorio, si durante el siglo pasado fueron colombianos quienes cruzaron hacia Venezuela atraídos por la bonanza del petróleo, ahora son venezolanos quienes llegan al país —el Cesar concentra cerca de 70.000 venezolanos, con más del 50% de ellos radicados en Valledupar—.

En lo comercial, los Informes de Coyuntura Económica Regional del Banco de la República, publicados entre 1999 y 2015, documentan que Venezuela fue, con creces, el principal socio comercial del departamento durante décadas —excluyendo el carbón—. Para 1940, desde aquí se exportaba ganado, café, caña y palo de brasil hasta Puerto Cabello, que es el principal puerto marítimo en el vecino país. En la primera década del 2000, Venezuela representaba cerca del 90% de las exportaciones no tradicionales del Cesar; el remanente encontraba destino en Aruba, Curazao, Panamá y las Antillas Holandesas —destinos que tampoco son nuevos, pues por Riohacha ya circulaban bienes hacia el Caribe desde los siglos anteriores—.

La ruptura de 2015 colapsó ese flujo. Pero desde la reapertura de fronteras en 2022, la recuperación ha sido consistente: las exportaciones colombianas a Venezuela pasaron de 632 millones de dólares ese año a 1.072 millones al cierre de 2025 —cifra récord desde 2015, aunque todavía lejos de los 5.000 millones de 2007—. El Cesar exportó aproximadamente 6 millones de dólares a Venezuela en 2025, con animales vivos como principal rubro: una realidad similar a la de 1940. Solo Maracaibo representa un mercado de casi dos millones de personas, a menos distancia de Valledupar que Bogotá.

Y luego está el vallenato. Venezuela es uno de los países que más lo consume en el extranjero —si no el primero—, lo cual tampoco es casual: la música cruzó la Serranía mucho antes de que hubiera Festival Vallenato o reconocimientos UNESCO. Sobre el vallenato como activo para la internacionalización de la ciudad volveré en la próxima entrega —la última de esta serie, ad portas, a propósito, de la víspera del Festival—.

La conclusión es contundente: cualquier estrategia de internacionalización de Valledupar que no incluya a Venezuela como un pilar importante está ignorando siglos de historia y un mercado que ya conoce nuestra música, nuestro ganado y nuestros apellidos. Uno de nuestros socios clave no está al otro lado del mundo, está al otro lado de la Serranía.

Por: Sebastian Manotas Garrido.

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