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¡Curumaní demanda punto de inflexión!

Curumaní necesita retomar el espectro de liderazgo y fuerza institucional de hace dos generaciones, cuando a pesar de estar también invadido por el conflicto armado, fue capaz de trascender.

web-Cristian Moreno Panesso, columnista de EL PILÓN.

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La suerte de los pueblos que apenas están definiendo su entidad deriva en gran medida de saber encauzar las aristas de los primeros pasos a transitar. El cauce de los canales llamados a oxigenar su entorno resulta definitivo para determinar la identidad, que radica en el ADN de la primera juventud de las localidades.

Mi abuela Crisilda Niebles Palomino cumple el próximo 6 de mayo 106 años de vida, durante los cuales ha sido viva memoria del curso expansivo del asentamiento que nació al lado del cañito donde pastoreaban aves de corral y algunas pocas vacas de los Vanhestrales y Horacio Cárcamo, en aquellos tiempos cuando solo llegaban los indios barí motilones a rebuscarse en las dos docenas de patios y casas de bahareque que era Curumaní. Ya para entonces se conocía de nosotros en el universo anfibio, que conectaba Chiriguaná con Tamalameque y El Banco, por donde se llegaba a la seductora Cartagena, el sol de la época.

El siglo XX con sus agencias coloniales al interior de la nación, cambió la esencia del municipio que, erigido por mi abuelo Cristian Moreno Camacho, advierte ahora la entidad de un paraje de consumidores de la coca y el bazuco que las últimas dos décadas ha sembrado el ELN en las productivas laderas del Perijá. Nos cambiaron hasta el modo de caminar, pues ahora en cada familia tenemos algunos de los nuestros andando por las nubes, y siguen llegando más ante la indiferencia de las autoridades locales.

La situación es muy delicada comoquiera que demanda respuestas con riesgos y decisiones superiores a los últimos mandatarios, cuidadosos de las formas y manejo de la autoridad. Y les insisto, nada diferente a la consideración y ánimo de acompañar sus causas y desafíos, solo que estamos en tempestades abruptas que requieren certeza en la barca.

En efecto, la situación que hoy vive Curumaní demanda un alcalde con la firmeza y carácter para reconstruir el orden, recuperar el campo productivo y potenciar las condiciones del desarrollo comercial del territorio y humano de nuestra gente. Curumaní necesita retomar el espectro de liderazgo y fuerza institucional de hace dos generaciones, cuando a pesar de estar también invadido por el conflicto armado, fue capaz de trascender.

Y no se trata de que los supervivientes de entonces regresen a reeditar la tarea hecha. No, el asunto ahora es más complejo y particular, pues necesitamos es regresar la confianza y valor de las instituciones, en tiempos que muchos las han instrumentalizado para sus propósitos personales.

El llamado es concreto y directo a Rodrigo Ríos Uribe para que retorne el afecto recibido de los suyos, y haga imperecedero el servicio a su pueblo. Y con el liderazgo de nuestra gente, movilice las palancas del Estado que han de redimir el motor de Curumaní. ¡Haga la tarea de ser el alcalde que haga fluir ríos de oportunidades en el territorio!

Temas tratados
  • consumo de drogas
  • Curumaní

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