Han pasado más de cuatro años desde que el lema “Joven Elige Joven” apareció como una consigna esperanzadora en las pantallas de Colombia. Sin embargo, hoy esa energía inicial parece haberse diluido. Mientras algunos colectivos juveniles siguen alzando su voz frente a reformas y decisiones institucionales, muchos otros prefieren mantenerse al margen, con frases como: “No es que me guste eso”, reflejando apatía o desconfianza frente a la política tradicional.
Esta actitud no surge de la nada. Según Oliver Dalichau, director de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung en Colombia (Fescol), una de las conclusiones más relevantes de una reciente encuesta es que los jóvenes sí están interesados en la participación política, pero no en los moldes tradicionales. Como él lo expresa, “no quieren cambiar al país a través de partidos políticos o estructuras convencionales”. De hecho, el 60 % de los jóvenes encuestados no se afiliaría a ningún partido, y el 44 % no se identifica con ninguno de los 32 partidos existentes en Colombia.
A pesar de ello, Colombia cuenta con mecanismos institucionales como los Consejos de Juventud, diseñados precisamente para ofrecer espacios de participación democrática. Estos espacios permiten a los jóvenes involucrarse en asambleas, debates y actividades de control político. No obstante, el desconocimiento sobre su funcionamiento y su alcance limita su impacto real. Muchos jóvenes aún no comprenden cómo incidir desde estos espacios ni cómo traducir sus preocupaciones en propuestas concretas.











