Mientras la ciudadanía y las autoridades aguardan la inauguración oficial de los 10,4 kilómetros de doble calzada que conforman el Anillo Vial Circunvalar de Occidente, la noche ha transformado esta millonaria infraestructura en el escenario predilecto para maniobras peligrosas.
La vía que busca interconectar el sur y el norte de la ciudad para aliviar el caos vehicular, pero la ausencia de tráfico regulado y el hecho de que aún no esté habilitada al 100% para el flujo convencional está siendo aprovechado por grupos de motociclistas. Según videos publicados en redes sociales, el sector se ha convertido en una pista de carreras clandestinas donde las acrobacias y los “piques” son la constante bajo la luz del nuevo alumbrado público.
Un riesgo latente ante la falta de control
El fenómeno no es nuevo en la capital del Cesar, pero preocupa que se traslade a una obra que costó más de $126.000 millones, sumando adiciones, y que aún está en proceso de entrega final por parte de la Gobernación del Cesar y la Alcaldía de Valledupar.
Habitantes de sectores aledaños como la Ciudadela 450 Años y Bello Horizonte señalan que las concentraciones nocturnas de motos generan no solo ruidos ensordecedores, sino un riesgo inminente de tragedias viales en una zona que todavía se considera en obra.
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Los piques ilegales en Valledupar son una “subcultura mortal” que ya ha cobrado múltiples vidas en otras avenidas de la ciudad, como la Sierra Nevada y la vía a La Paz.
Historias tristes
El recuerdo más doloroso es el de Alberto Mario Ariño Tarriba, un abogado de 25 años que personificaba la antítesis de la imprudencia. El pasado 24 de octubre de 2025, tras cumplir con las normas de seguridad —casco y chaleco puestos—, Alberto Mario transitaba hacia su hogar cuando su ruta se cruzó con una “rodada” clandestina en la vía a La Paz. Lo que comenzó como un trayecto rutinario terminó en la Clínica Alta Complejidad, donde un shock interno apagó su vida a la una de la madrugada, dejando un vacío en la corporación Opción Legal, donde trabajaba.
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La tragedia de este joven jurista, a quien sus allegados describen como alguien que “no tomaba riesgos innecesarios”, se suma a un historial sangriento que ya contabiliza varias muertes.
El 5 de agosto, la Avenida Sierra Nevada fue escenario de otro siniestro que cobró la vida de Jathza José Monsalvo Carrillo, de apenas 17 años, y de Ayberzon Javier López Ortega, un joven de 20 años de la etnia Wayuu. Mientras en redes sociales se intenta estigmatizar a las víctimas, las familias sostienen que la falta de control en las vías convierte a ciudadanos ejemplares en víctimas colaterales de una adrenalina ajena y mortal.
Este sombrío panorama de 2025 y principios de 2026 sirve como una advertencia urgente para el Anillo Vial de Occidente. Mientras los conductores de motos se citan por grupos de WhatsApp para “estrenar” el pavimento liso de la nueva circunvalar, el eco de historias como la de Alberto Mario resuena como un llamado a la autoridad.











