Tener de mascota animales propios de la fauna silvestre como loros, serpientes, loros, guacamayas, monos, babillas e incluso tigrillos, acarrea una serie de inconvenientes de tipo legal, de salubridad; pero también estaría alterando procesos al interior del sistema animal.
Alimentación, cuidado, tratamiento y la manera de interactuar con individuos en cada una de las especies es una de las prácticas aplicadas en departamentos como el Cesar, cuando se trata de tener un réptil, ave o un mamífero silvestre.
Nadie explica cómo una familia puede tener de mascota un caimán, como ocurrió en El Paso, centro del Cesar, ni mucho menos serpientes altamente peligrosas para los humanos.











