MEDIO AMBIENTE

Cazadores entre la ilegalidad y la tradición

En un corregimiento con tradición de caza y consumo de especies silvestres como Mariangola, sus pobladores comienzan a desistir de estas prácticas por las repercusiones judiciales que les puede acarrear. Este es el segundo informe de la campaña ‘Cuidemos nuestra fauna, no al tráfico ilegal de especies silvestres’.

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El índice poblacional en Mariangola, uno de los 25 corregimientos de Valledupar, está creciendo de manera desenfrenada; tiene aproximadamente 4.000 habitantes, conformado por al menos 12 barrios, de los que siete tienen organizada una Junta de Acción Comunal.

Existe un promedio de 1.000 viviendas. Sin embargo, algo inversamente proporcional ocurre allí con la costumbre de cazar y comer animales silvestres, porque han ido desapareciendo.

Por su cercanía a las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Mariangola hay una variada cantidad de especies silvestres y la caza de los animales, inicialmente como práctica tradicional de supervivencia, pervive porque la demanda gastronómica por parte de la ciudadanía es significativa, lo cual se puede palpar con los conductores que en las orillas de la carretera a diario compran conejos, venados, guardatinajas, armadillos, ñeques, mojanes, iguanas y otras especies, catalogadas como en vía de extinción.

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