Dicen las veteranas del arte culinario que la costumbre de preparar dulces en Semana Santa se ha ido perdiendo. Comentan las abuelas que antes desde el domingo en la noche se encendía el fogón de leña y se montaba una olla grande donde cocinaban los diferentes frutos y vegetales, para solo revolver al día siguiente los deliciosos manjares.
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El lunes santo las abuelas cumplían sagradamente con su visita a la iglesia para la primera misa, para luego, al llegar a casa, terminar su dulce tarea, que solo necesitaba menear y menear. Las expertas señalan que el toque secreto está en el meneo de la cuchara.










