8 junio, 2021

Las obras prioritarias y las obras necesarias

Un proyecto puede ser financieramente viable si produce beneficios tratados como rentabilidad de activos y también económicamente viable si produce utilidades sociales que se traducen en bienestar de la comunidad.

Centro Cultural de la Música Vallenata.

Los debates tratados con la razón de la crítica sana, sobre hechos ocurridos en las administraciones públicas, realizados a tiempo, conllevan a soluciones sanas y prontas, por muy grandes que sean o hayan sido las anomalías y errores incurridos por dichos entes, pero no se deben dejar pasar en la aplicación rigurosa de la ley sancionatoria si se demuestra el dolo.

Obras prioritarias son obras, además de necesarias, de ejecución inmediata para soluciones inmediatas, sobre todo si se trata de temas que tienen que ver con la salud, educación, generación de empleo y de beneficio social inmenso, que no esperan por su necesidad relevante; las obras necesarias o básicas en medios pobres como el nuestro, son muchas o todas, pero con el atenuante que por lo menos tienen espera y la afectación social no es tan pronta y se supone que en este caso particular, la Gobernación tiene programadas y respaldadas sus inversiones sociales que se requieren en otros campos: educación, salud, etc.

Hago esta comparación para conceptuar sobre las críticas que se hacen, algunas sin la información suficiente y adecuada, sobre el proceso adjudicado recientemente por la Gobernación del Cesar, sobre el tema del diseño, justificación y procesos legales para la construcción del Centro Cultural de la Música Vallenata (CCMV), sin conocer estudios, planos, proyectos y especificaciones, costos y presupuestos internos, emitiendo conceptos incoherentes con la realidad, dando origen a confusiones en la opinión pública, que hacen que las críticas, más negativas que positivas, cundan por todas partes. Yo tampoco conozco dichos proyectos y procesos, por eso mi opinión como ingeniero civil, que no subestima la seguridad, comodidad, estética y economía de las obras, la baso en el sentido común y en algunos conceptos de largos años de estudios y trajín en estos temas.

VIABLE  O NO VIABLE

Quiero antes reflexionar sobre conceptos importantes dentro de los procesos que se llevan a cabo para la formulación y evaluación de proyectos y luego distinguir entre los temas económicos y de finanzas que parecen significar lo mismo, pero que desde el punto de vista de la razón de la lógica matemática y filosófica son diferentes.

Un proyecto nace de una idea factible temporal y única cuyo objeto es conseguir un bien, un servicio o un resultado y se clasifican según su fuente en públicos y privados, existiendo muchas más clasificaciones dentro de su contexto.

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La idea, una vez formulada y hechos los estudios de prefactibilidad y factibilidad que indiquen su viabilidad o no, entonces se rechaza o ejecuta al tanto de unos estudios de pre-inversión e inversión. Luego de lo anterior se da espacio a los procesos legales o licitatorios, cuyo tema es de especial atención y deben darse conforme a las leyes del caso.

Dentro de la formulación y fase de pre-inversión hay una serie de conceptos que manejan los criterios finales, como estudio de mercado, estructura del proyecto, información pertinente, punto de equilibrio, relación costo beneficio, indicadores financieros y económicos, que nos hablarán sobre la bondad del mismo, como en este caso parece ser el proyecto en mención.

Entonces un proyecto puede ser financieramente viable si produce beneficios tratados como rentabilidad de activos y también económicamente viable si produce utilidades sociales que se traducen en bienestar de la comunidad, y si son obras públicas las utilidades sociales priman sobre los beneficios financieros, entonces son preocupantes estos, pero no determinantes. Es decir, un proyecto puede ser financieramente viable, produce beneficios financieros, pero económicamente no genera bienestar social. Es el caso de la construcción de hospitales, escuelas, etc., son económicamente viables, pero financieramente no viables y deben ejecutarse por siempre; estas obras a la larga se transformarán en beneficios financieros, pues los cuerpos y mentes sanas y educadas generarán trabajo eficiente que se traducen en procesos financieramente rentables.

Desde este punto de vista, la cultura, el arte, el folclor, constituyen desarrollo; que no sea prioritario el tema de la cultura frente a los temas básicos enumerados, de acuerdo, no es prioritaria sobre todo en estos momentos críticos de males universales impuestos por la naturaleza. Dentro de las prioridades de una sociedad, la educación ocupa el primer lugar y aquí la cultura tiene una relación muy directa con aquella, sin llegar a confundirse.

Me atrevería a pensar que los temas de consultorías no fueron bien concebidos, ya que la ubicación del lote no sea la ideal y conveniente, cierto es, y cuyo sostenimiento no se haya evaluado, es probable, pero no determinante; pero, aun siendo así, entonces vale la pena pensar desde ya en las asociaciones público-privadas, o subsidios del gobierno, para la administración y operación de dicho proyecto, e ir dando soluciones a un problema que si ya existe, pues el proyecto fue adjudicado, hay que solucionarlo, o si no, buscar los medios legales para derogarlo, ocasionando en consecuencia más gastos para el erario.

El gremio de la cultura, arte y folclor, también necesita de esta obra y aquí se abren temas de discusión y análisis bastante amplios sobre prioridad y necesidad.

EGOÍSMOS A UN LADO

Muy buenas y bien concebidas las apreciaciones fruto del análisis acucioso y coherente de la arquitecta Mariana Orozco, sobre las cuales amplío con mis comentarios cuando en la columna de opinión de la prestigiosa Radio Guatapurí, abre el debate para que conceptos llevados con mentalidad crítico constructivo se esbocen, “en defensa del bien común, como pregona dicha radio, y también las ultimas comentadas por el notable arquitecto Jaime Palmera, en su reciente columna en el diario EL PILÓN.

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Tratar estos temas es tan importante para que no nos pase lo que podría ocurrir con el parque de la Leyenda Vallenata, que hoy estaría expuesto a quedar en el olvido ciudadano por los conflictos llevados más allá de los intereses de fondo y que desprevenidamente acabarán, si no lo evitamos, con todo lo bueno que con mucho esfuerzo, otros, los que se preocuparon y se han preocupado por el folclor, la música, las letras y la cultura en general, levantaron y han levantado para este pueblo. Es hora de echar a un lado tantos recelos, que estoy seguro no nacen de la falta de sentido de pertenencia y amor por esta tierra, sino por el poder dominante de las partes, que no buscan la vía del entendimiento, subestimando el daño que se ocasiona.

Y finalmente, si los procesos licitatorios fueron bien llevados o no, la autoridad competente, bajo una investigación seria y justa, debe pronunciarse. Es importante recordar a los entes territoriales que el nivel de competencia e intelectual de nuestros profesionales en todos los campos es bastante alto, a los cuales debe tenérseles en cuenta, en primer orden, en todos los procesos de la vida económica regional. ¡Eso es justicia social!

¿Habrá que preguntar por qué nos subestiman? Este es un tema que los que estamos, en especial, en el gremio de la construcción debemos enfrentar sin temores, antes que nos atrape el futuro. Tampoco olvidemos que hay agentes económicos que producen acciones sobre otros y así de grandes obras hay que esperar grandes beneficios.

Es bueno, en estos momentos, con un abrazo fraternal, aprender a tararear aquellos versos de Nando Marín que dicen:

Y oír en la voz del pueblo un canto de mi tierra,

Yo quiero cambiar la guerra por paz y amor,

Y así poder traer los acordeoneros de más renombre,

Los mejores verseadores a improvisar,

Y que vengan los cantantes de otras naciones,

A cantar el amor-amor en Valledupar.
La cultura es desarrollo, la cultura nos hace libres. Es imposible no reconocerlo. ¿Será prioritaria? ¡Claro que es prioritaria! Que por razones de calamidad nacional y mundial no lo sea, esa es otra cosa.

Por: Fausto Cotes