A la par del crecimiento de la pobreza, las calles de Valledupar fueron llenándose de menores de edad, que bajo el consentimiento de sus padres, se emplean pidiendo dinero para suplir las necesidades de sus familias. Menores que al no tener para comer se vieron en la necesidad de cambiar el espíritu de inocencia por el de la cruel mendicidad.
Mariela Rondón llegó como migrante desde Venezuela huyendo de la crisis económica que azota al vecino país. Su historia es similar a la de miles de mujeres que aterrizaron en Colombia, pero les fue imposible conseguir empleo, por eso, cansada de ver cómo sus hijos se acostaban sin probar bocados de comida noche tras noche, acudió a la mendicidad.
“Yo llegué a Colombia en 2016, huyendo, porque ya no aguantaba más la situación allá (Venezuela) y tenía que alimentar a mis dos hijas, y por eso tomé lo poquito que tenía y salí a buscar qué hacer, pues si me quedaba o me moría de hambre o quizás de qué”, contó la mujer con la voz entre cortada.











