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La Galería Popular, un retrato del despreocupado caos del comercio informal

FOTO/JOAQUÍN RAMÍREZ.

Antes de las 8 de la mañana, los cuatro carriles de la carrera séptima frente a La Galería Popular de Valledupar se ven reducidos a unos pocos metros. A la par que de quienes parquean en las calles y los taxistas que buscan pasajeros, los vendedores ambulantes sacan de las bodegas sus productos y se ubican en la vía peatonal.

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Inicia una nueva jornada laboral y la tranquilidad da un paso al costado. Desde muy temprano hasta pasadas las 5:00 de la tarde, pitos de autos, equipos de sonidos y el ruido de las personas dominarán el ambiente del sector comercial.

Con la llegada del coronavirus muchas cosas cambiaron; otras, por la ley del mercado informal, deben permanecer iguales.

En la Galería el ritmo no es el mismo desde que se tomaron las medidas restrictivas. Además del toque de queda, la Alcaldía de Valledupar instaló vallas y rejas alrededor del popular sector con el fin de ampliar el espacio peatonal y evitar las aglomeraciones. El objetivo se cumplió a medias.

Los vendedores ambulantes debieron trasladarse a la calle con la incertidumbre que en cualquier momento Espacio Público dé la orden de desalojo. Reconocen que son invasores. “Antes de diciembre nos corren de acá. ¿Y qué puede hacer uno?”, cuestiona Armando Gutiérrez, reparador de celulares.

La mayoría de los comerciantes preservan el tapabocas, pero el apresurado compás de quienes se ganan la vida en la calle hace imposible respetar la distancia social. En la ‘calmada’ Galería, similar a un laberinto donde se camina en zig zag esquivando vendedores, comerciantes y necios, es imposible mantener la distancia de dos metros que tanto ha pregonado el Gobierno nacional.

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Desde hace cuatro o cinco meses, el producto estrella es el tapabocas. También el que más se vende. Como el alcohol, la sobreoferta permitió que bajara de precios, sin embargo, ahora el plus lo ofrece el diseño, el dibujo y los colores estampados. No solo está protegiendo sino que se convirtió en el principal ingresos de muchos comerciantes.

Durante el recorrido fue imposible no preguntar a los vendedores si en medio del ‘despreocupado’ caos de las calles habitaba el temor de contagiarse de coronavirus. “Miedo por los que se tomaron esto deportivamente y solo se ponen el tapaboca cuando llega la policía, pero el que necesita trabajar debe estar aquí como sea”, señaló Santiago Vives, quien abandonó la recolección de cartón para dedicarse a vender tapabocas.

Por tradición de los mercados populares, todo está pegado, hay congestión y son imposibles las conversaciones individuales, por eso una pregunta puede encontrar hasta tres receptores interesados en responder. “Ya no llegarán más ayudas, entonces hay que salir trabajar”, señala el primero en responder. Luego, todos asienten cuando uno de ellos, entre risas, afirma que “más miedo da el hambre que el coronavirus”.

Desde hace más de 25 años, la Galería es ícono de la economía cesarense. En contravía al panorama exterior, dentro, los más de 420 comerciantes formales intentan organizar los espacios y mantener prudente distancia.

Al interior de la Galería el ruido y el tráfico de personas han disminuido. Casi una decena de portones permanecen cerrados: los administradores decidieron, o la crisis lo obligó, dejar el negocio.

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Todos los comerciantes coinciden en que además de las incomodidades e incertidumbres provocadas por el virus, las ventas han sido lo más difícil. “Es raro el que sale a comprar ropa por estos días; como no es una prioridad, saldrá el que necesite urgentemente”, reconoce una comerciante.
Pendientes de las medidas, los comerciantes formales temen un nuevo cierre total de la economía local, como al inicio de la pandemia. Sería la declaración oficial de quiebra, dicen.

Desde la administración municipal han insistido que la radicalización de las medidas de seguridad dependerá del comportamiento ciudadano. Lo cierto es que en La Galería se conjugan responsables con indisciplinados, que deportivamente se sientan a conversar, sin respetar las medidas de seguridad. Y en época de crisis, podrían caer en el mismo filtro pecadores e inocentes.

Por Deivis Caro/EL PILÓN

Categories: Económicas
Deivis Caro Daza: