COLUMNA

Sacerdote venerable

José Romero Churio evoca la vida y obra del padre Juan Bautista Segarra Tudela, sacerdote español que dedicó gran parte de su misión pastoral al servicio de los ancianos en Valledupar. A través de anécdotas personales y médicas, destaca la amistad, confianza y ejemplo de entrega que caracterizaron al recordado religioso

José Romero Churio - Columnista de EL PILÓN

José Romero Churio - Columnista de EL PILÓN

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El sacerdote español, Juan Bautista Segarra Tudela (q.e.p.d.), en Valledupar, más conocido como el padre Segarra. Tuve la suerte y el honor de ser no solo su amigo, sino también su confidente, ya que en nuestras conversaciones me contaba aspectos importantes y especiales de su vida, que la he considerado ejemplar y sublime.

Al padre Segarra lo conocí cuando yo cumplía el año de servicio social obligatorio (medicatura rural), porque entonces el director de salud del departamento del Cesar me encomendó −provisionalmente− la atención médica de los ancianos amparados en el asilo administrado por hermanitas de los pobres de la hermandad creada en Francia por la Santa María de la Cruz Jugan, donde el obispo de la Diócesis de Valledupar lo designó como capellán permanente y yo continué prestándole atención médica a los ancianos como benefactor altruista del ancianato.

Entonces, el padre Segarra adolecía de hernia inguinoescrotal bilateral que se le encanceraban y en varias ocasiones siendo yo médico general, se las reducía manualmente y siempre le recomendaba que se las hiciera operar para evitar el riesgo de estrangulamiento. Después de que me especialicé en cirugía general lo encontré con las hernias más grandes y a menudo se le encanceraban, por ende, le pregunté por qué no se había operado.

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