Elegir el calendario escolar ya no es solo una cuestión de fechas, sino una decisión pensada para el futuro académico de los hijos, pues influye de manera directa en sus posibilidades de ingresar a universidades en el extranjero, dominar un segundo idioma e integrarse a experiencias internacionales. Mientras que en 2022 un total de 14.500 estudiantes presentaron la prueba Saber 11 para calendario B, en 2026 la cifra ascendió a 83.400 evaluados, según registros del Ministerio de Educación Nacional. Este aumento refleja cómo cada vez más familias en el país optan por un ciclo que empieza clases entre agosto y septiembre y termina en junio.
La razón principal es que el calendario B funciona al mismo tiempo que los sistemas educativos de Estados Unidos, Canadá y Europa. Al graduarse en junio, los bachilleres pueden entrar a la universidad en el exterior en agosto o septiembre sin perder meses esperando. Además, las fechas para enviar solicitudes, presentar exámenes internacionales o participar en cursos de verano coinciden de forma exacta con la oferta académica de otros países. A ello se suma que históricamente, el calendario B mantiene un notable reconocimiento debido a que suele agrupar a las instituciones con los promedios de calidad y bilingüismo más altos del país en los rankings educativos anuales.
De acuerdo con Edward Ortega, rector del Gimnasio del Norte en Valledupar, esta coincidencia de fechas también ayuda a aprovechar mejor el aprendizaje del inglés. “El bilingüismo le da al estudiante la herramienta y el calendario B le da el tiempo adecuado para usarla. Un joven con buen nivel de inglés, que sigue el mismo ciclo académico que los países con los que quiere conectarse, llega preparado y a tiempo a esas oportunidades”, explica.











