Estamos viviendo uno de esos momentos que, aunque no siempre ocupan grandes titulares nacionales, tienen la capacidad para transformar el rumbo institucional del país durante las próximas décadas.
Lo ocurrido recientemente en Montería no fue una reunión más de gobernadores y diputados; fue la ratificación de una convicción colectiva: las regiones están listas para asumir mayores responsabilidades y tener un papel más decisivo en la construcción de su desarrollo integral.
La creación de las Regiones como Entidades Territoriales (RET) representa, quizás, el avance más significativo en materia de autonomía desde la promulgación de la Constitución de 1991 y que hoy comienza a recorrer su etapa definitiva.






