Graciano Crespo Rangel, un hombre que había dedicado casi toda su vida a vigilar en un taller de latonería y pintura en Valledupar, cumplió lo que en principio sus familiares no le creían, porque siempre se los decía en broma, se suicidó mediante la modalidad de ahorcamiento.
Crespo Rangel de 75 años, había nacido en Chimichagua, Cesar, llevaba más de 40 años de residir en la capital del Cesar y un poco más de 15 años de prestar sus servicios de celaduría en un taller de latonería y pintura ubicado en la calle 22 con 18A del barrio Simón Bolívar, donde llevaba seis meses de trabajo.
Cronología de los hechos






