Referenciar a Jorge Oñate es ahondar en su inmortal obra musical y admirar su temperamento controversial por lograr la excelencia en el folclor, la política o el deporte, sus grandes pasiones. El cantante de La Paz nos marcó en el mismo proceso generacional. Contemporizamos con el Jilguero de América en el fragor de la comarca y las costumbres patriarcales que nos moldearon en la infancia, la adolescencia, como adultos y en la edad madura.
Sabe el universo musical que el ruiseñor partió en dos la historia del género vallenato: antes y después de su portentosa voz, sin soslayar a los juglares. El único cantante con leyenda, que asocian unos con la fase de gestación de su progenitora, Delfina Oñate, al percibir un canto celestial, pero otros con los genes de su abuelo Juan Oñate, cantor a capela que embriaga con su cadencia y tonalidad.
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