En su mayoría, los asentamientos ilegales en la ciudad de Valledupar son focos de delincuencia común y pobreza. En medio de la falta de autoridad e incertidumbre legal se convierten en zonas rojas. Ejemplo, el año pasado en las invasiones de la margen derecha del río Guatapurí se registraron siete homicidios. La cifra más alta de todos los barrios de la ciudad.
Aunque para algunos es un negocio, muchos ciudadanos apuestan por vivir en estos territorios por la falta de recursos. Fany Martínez, madre cabeza de hogar de dos niños, aseveró que la principal causa por la que ella y algunos de sus conocidos decidieron invadir en Altos de Pimienta es porque fue la “única oportunidad para tener una casa”.
Es una constante en los testimonios de invasores que el número de niños por casa sea mayor a uno. De acuerdo con la trabajadora social, Gabriela Orozco, las familias en pobreza extrema son las más propensas a tener un alto número de infantes. “La pobreza se relaciona con la natalidad debido a la falta de educación sexual, planeación y metas de superación a largo plazo. Esto incide en una mayor promiscuidad porque desconocen los alcances”, explicó Orozco.











