Mientras Valledupar suma conjuntos residenciales y urbanizaciones cerradas hacia el norte y el noroccidente, cientos de familias siguen abriendo la llave y encontrando sólo aire o un hilo de agua que no alcanza para llenar ni un balde. En barrios tradicionales y en proyectos nuevos, la ciudad se urbaniza a gran velocidad sin que el sistema de acueducto y alcantarillado se haya planificado para soportar esa expansión.
“Llevamos semanas sin saber qué es bañarnos en la regadera: todo se hace con tanques y baldes, y el agua llega con muy poca fuerza a lo largo del día”, relata una habitante al norte de la ciudad. Así es la rutina diaria de familias de Terranova, Bilbao, Sevilla, Senderos de Sevilla, Ayamonte y Málaga, ubicadas a pocos kilómetros de la planta de tratamiento de agua potable.
Urbanizaciones nuevas, viejas redes
La crisis se siente con especial fuerza en los sectores donde el crecimiento urbano ha sido más acelerado. Urbanizaciones del norte, cercanas a la planta de tratamiento, denuncian interrupciones reiteradas del suministro pese a estar dentro del mismo corredor de distribución que otros conjuntos donde sí hay agua. En Francisco El Hombre, al norte de la ciudad, vecinos reportan que después de trabajos de cambio de tuberías y empalme de la red la presión disminuyó de manera considerable, afectando actividades básicas en los hogares.











