Tras los fuertes terremotos del 24 de junio en la costa central de Venezuela, una cadena de réplicas se ha seguido registrando y algunas de ellas se han percibido este 30 de junio en Valledupar y varios municipios del Cesar. Estas sacudidas han generado inquietud entre la ciudadanía y un aumento en los reportes de temblores leves en edificios y viviendas de la ciudad.
La explicación la venían señalando geólogos de la región: los sismos recientes han sido someros (de poca profundidad) y relativamente cercanos a la frontera, lo que facilita que las ondas sísmicas viajen con más intensidad hacia el Caribe y el norte de Colombia. A esto se suma que la cuenca Cesar–Ranchería y la planicie aluvial de Valledupar están formadas por sedimentos más blandos, capaces de amplificar el movimiento del suelo. “No es que el terremoto sea aquí, sino que el tipo de suelo hace que lo sintamos más fuerte”, explica la geóloga vallenata Carolina Martínez Mendoza.
¿Debe preocuparse la ciudadanía?
Sobre la relación entre la actividad sísmica de Venezuela y lo que se siente en el Cesar, Martínez ha explicado que estos eventos “no significan un peligro inminente para Valledupar, sino la probabilidad de que podamos percibir más temblores si tiembla nuevamente”. Según la experta, la exposición local está ligada sobre todo a la vulnerabilidad del área —el tipo de suelo y la calidad de las edificaciones— y no a que un sismo regional vaya a generar automáticamente grandes estragos en la ciudad.






