Hay algo paradójico en la discusión sobre el cierre de la Embajada de Colombia en Senegal. Colombia tardó más de cuarenta años en abrir una representación residente en la África Occidental francófona y apenas dos años después está considerando cerrarla, precisamente cuando comienzan a aparecer los primeros resultados.
Cuando los colombianos escuchan hablar de una embajada en África, la reacción suele ser inmediata: seguramente se trata de una oficina lejana, costosa y de utilidad limitada para los intereses nacionales. Sin embargo, la historia reciente de la Embajada de Colombia en Senegal cuenta una historia muy distinta.
Con una estructura integrada por apenas tres personas, la misión diplomática más joven de Colombia ha logrado abrir canales comerciales con nueve países de África Occidental, impulsar oportunidades económicas inéditas, movilizar apoyos multilaterales, promover cooperación en seguridad y construir una presencia regional que el país nunca había tenido en la África Occidental francófona.











