La novela El olor del fin del mundo, de Vanessa de la Torre, convierte la pandemia en una experiencia íntima donde el covid y la pérdida del olfato se vuelven el centro de una historia de amor, cuerpo y memoria. A partir de Carmen, su protagonista, la autora explora cómo la enfermedad no solo altera la vida cotidiana, sino la manera misma en que olemos, recordamos y habitamos el mundo.
Vanessa cuenta que primero intentó narrar la pandemia desde el periodismo: las muertes, los rituales rotos, el cilantro lavado una y otra vez, la educación de los hijos, la vida en las clínicas. Pero llegó un punto en que sus propias emociones “desbordaron” los límites de la crónica y tuvo que pasar a la ficción, creando a Carmen y Antonio para contar esa gran tragedia del covid a través de una historia de amor clandestino.
El día en que se fue el olor
El tema central del libro nace de una experiencia personal: “el día que perdí el olfato me di cuenta que tenía covid”, recuerda la autora. Más grave aún fue la parosmia, la distorsión del olfato: ráfagas de olor a gasolina, a podrido, a ácido, incluso su propia piel y la de sus hijas le olían “a maluco”, hasta el punto de no poder salir de la habitación.











