La Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar) expidió la resolución 0250 del 21 de mayo de 2026 con el propósito de anticiparse a los efectos de El Niño y no esperar a que los ríos se queden sin caudal ni que los acueductos colapsen por falta de agua. El coordinador de Gestión del Riesgo de Desastres y Seguridad Hídrica, Jorge Alberto Armenta, explicó que los modelos climáticos que consulta el IDEAM y el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos han elevado la probabilidad del fenómeno desde algo más del 60 % a niveles cercanos al 90–98 %, con extensión prevista hasta comienzos de 2027.
Qué es lo que viene
Armenta insiste en aterrizar el panorama: El Niño no es sinónimo de “apocalipsis climático”, sino un fenómeno natural de variabilidad climática. Se produce cuando la temperatura superficial del océano Pacífico en la franja ecuatorial se calienta por encima de lo normal y mantiene esa anomalía durante varios meses. En términos técnicos, la comunidad científica considera que hay condiciones Niño cuando ese calentamiento es de al menos 0,5 grados centígrados sobre el promedio histórico y se mantiene durante cinco meses consecutivos.
Para el Cesar, eso no significa que “no va a llover nada”. Lo que suele ocurrir es una disminución de la cantidad de lluvia en amplias zonas del departamento, mientras que en otras puede haber episodios de lluvia intensa en ciertos meses, seguidos de periodos más secos y prolongados. El resultado final es un estrés mayor sobre las fuentes de agua superficiales y subterráneas.






