“Los ríos unen; no separan”. Esa fue la idea que resonó el pasado 31 de julio en la Universidad de Córdoba, en Montería, cuando más de 60 representantes de organizaciones ecosociales, investigadores y defensores del medio ambiente del Caribe colombiano nos reunimos a orillas del río Sinú, con voceros de ríos como el San Jorge, Ranchería, Guatapurí, Cesar, Magdalena y Cauca, y de ciénagas como Lorica, Zapatosa y la Grande de Santa Marta. Todos coincidimos en que proyectos energéticos y mineros, hidroeléctricas, deforestación y vertimientos amenazan a la mayoría de estos ecosistemas, agravados por la débil aplicación de las políticas de protección hídrica.
Quiero detenerme en el río Guatapurí, porque su situación resume lo que le ocurre a buena parte de nuestros ríos.
Este río nace en la Sierra Nevada de Santa Marta, con una subcuenca de 866 km² que abarca Valledupar y Pueblo Bello y territorios de los pueblos arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo. Cerca del 90 % de su área está dentro de la Reserva Forestal Protectora de la Sierra Nevada, declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1980. Surte el acueducto de Valledupar y de varios corregimientos, beneficiando a más de 600.000 habitantes, y ha sido durante generaciones fuente de inspiración para la música vallenata y de esparcimiento en el balneario Hurtado.











