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El conocido como Registro de Padilla: a propósito de una elección presidencial

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Presidente de la Academia de Historia del Valle de Upar

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La Constitución de 1886 señaló un período de seis años para el presidente de la República (artículo 144) y dispuso, además, que habría elecciones directas para Concejos municipales y Asambleas departamentales, en la que podrían votar “Todos los ciudadanos” (artículo 172); podían elegir también de manera directa a los Electores y a los Representantes, los “ciudadanos que sepan leer y escribir o tengan una renta anual de quinientos pesos, o propiedad inmueble de mil quinientos” (artículo 173).

Conforme con el artículo 174, los “electores votarán para presidente y vicepresidente de la República”, al paso que los “senadores serán elegidos por las Asambleas departamentales” (artículo 175).

Dispuso el artículo 176 que “Habrá un Elector por cada mil individuos de población”. También habrá un Elector por cada distrito cuya población no alcance a mil almas. Un distrito, para la época, era la unidad administrativa local básica equivalente a lo que hoy es el municipio.

En 1910 se modificó el período presidencial a cuatro años, por el Acto Legislativo No. 3 de ese mismo año, y se dispuso la elección presidencial de manera directa por los ciudadanos que tengan derecho a sufragar por representantes. Adicionalmente, eliminó la figura del vicepresidente, que fue reemplazada por el nombramiento de dos designados por el Congreso.

Una vez terminada la Guerra de los Mil Días, se dispuso el país a elegir al presidente de la República que reemplazaría a José Manuel Marroquín. Para ello, fueron candidatos los conservadores Dr. Joaquín Fernando Vélez Villamil, abogado cartagenero apoyado por el Gobierno, y Rafael Reyes, apoyado por el otro sector conservador. Reyes era empresario y había sido militar en las guerras civiles. Durante las elecciones, que eran indirectas, Reyes estaba en Europa.

A finales de febrero de 1804 (sic), los candidatos estaban prácticamente empatados. El 4 de julio el Consejo Electoral declaró ganador a Rafael Reyes con los siguientes resultados: Reyes, 994 votos; Vélez, 982 votos. La diferencia fue de 12 votos. Recordemos que se trataba de votos de los Electores.

Llegado el término de las elecciones, el Consejo Electoral de Riohacha no había tomado decisión de por quién votar. El general Juanito Iguarán era el jefe conservador en la Provincia de Padilla y no había recibido instrucciones del oficialismo conservador al respecto. Ante tal situación, Juanito reunió en su casa a los electores que, al calor de unas copas, optaron por firmar el acta en blanco, esto es, sin indicar por cuál candidato votaba cada elector, para que fuese él quien tomara la decisión.

El general Iguarán se desplazó a Barranquilla, y al llegar se encontró con el funeral de un comerciante local. Allí, su amigo, el Marqués de Mier, le averigua sobre el resultado de las elecciones primarias en su provincia, a lo que Juanito le responde, conforme el relato de Eduardo Lemaitre: “Traigo aquí el registro de mi circunscripción firmado en blanco. Soy dueño de llenarlo como me convenga”.

Cuenta Lemaitre que el Marqués llamó a Diego de Castro y al gobernador José Francisco Insignares, y no dejaron solo a Iguarán hasta cuando este llenó el registro votando por Reyes. Existen otras versiones, pero nos quedamos con esta.

Así se consolidó la elección de este prohombre de la patria, sobre cuyo gobierno continuaremos escribiendo. La Provincia de Padilla aportaba quince votos que consagraron el triunfo de Rafael Reyes como presidente para el período 1904-1910.

Culmino este relato transcribiendo el epígrafe que a este hecho impuso el autor Lemaitre al capítulo “El Registro de Padilla” en su libro Rafael Reyes. Biografía de un gran colombiano, en la que cita un aparte de la carta que le dirigiera a él Fernando de la Vega, sobrino de Vélez Villamil:

El célebre registro de Padilla, que determinó la derrota de tío Joaquín, no es más que un episodio antipático de nuestra existencia democrática. Se hizo famoso, porque decidió a lo último; después, se han cometido millares y millares de “padillazos” sin tanta alharaca”.

Visto el antecedente descrito, nos sirve de atalaya para mirar nuestro panorama político. Aquí seguimos, desbrozando nuestra historia.

Por Dr. Leovedis Elías Martínez Durán
Doctor en Derecho

lmartinezduran@gmail.com
@leovedismartinezduran

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