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FELVA 2026: Amado Villafaña y la historia del líder arhuaco que usó la cámara para resistir a la guerra

El encuentro se realizó en la Casa Castro Monsalvo, en el marco del conversatorio “Visión y pensamiento del pueblo arhuaco en la Sierra Nevada Gonawindúa” como último conversatorio del día en el primer día del Felva 2026, donde Villafaña dialogó con el escritor Leonardo Useche sobre memoria, conflicto armado y defensa del territorio.

Amado Villafaña Chaparro, líder arhuaco, durante el conversatorio “Visión y pensamiento del pueblo arhuaco en la Sierra Nevada Gonawindúa”, en la Casa Castro Monsalvo, en el marco de Felva 2026. Foto: Said Armenta.

Amado Villafaña Chaparro, líder arhuaco, durante el conversatorio “Visión y pensamiento del pueblo arhuaco en la Sierra Nevada Gonawindúa”, en la Casa Castro Monsalvo, en el marco de Felva 2026. Foto: Said Armenta.

Amado Villafaña Chaparro, líder arhuaco, durante el conversatorio “Visión y pensamiento del pueblo arhuaco en la Sierra Nevada Gonawindúa”, en la Casa Castro Monsalvo, en el marco de Felva 2026. Foto: Said Armenta.
Por: Periodista

@Katlin Navarro Luna

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El líder arhuaco, fotógrafo y documentalista Amado Villafaña Chaparro regresó a Valledupar para conversar sobre la visión espiritual del pueblo arhuaco y su trabajo de más de dos décadas retratando la Sierra Nevada de Santa Marta, territorio que él define como “el corazón del mundo”.

El encuentro se realizó en la Casa Castro Monsalvo, en el marco del conversatorio “Visión y pensamiento del pueblo arhuaco en la Sierra Nevada Gonawindúa” como último conversatorio del día en el primer día del Felva 2026, donde Villafaña dialogó con el escritor Leonardo Useche sobre memoria, conflicto armado y defensa del territorio.

“He hablado mucho en otros lugares, pero con mi gente casi no. Por eso esta conversación en Valledupar tiene un valor especial”, dijo el invitado, recordando que parte de su infancia la vivió entre la Sierra y la ciudad.

Un arhuaco detrás de la cámara

Amado Villafaña es fundador del primer colectivo indígena de comunicaciones de la Organización Indígena Tayrona (2002-2012) y actualmente dirige la productora Josokwi, desde donde ha impulsado documentales y series que han recorrido festivales en América y Europa.

Su largometraje Resistencia en la línea negra (2011) ha sido premiado en certámenes como el Festival de Cine de Bogotá y el Festival de Peyo, en España, y su nombre aparece en producciones como Palabras mayores, Yo soy umi, el origen de la música, Nabusimake, memorias de una independencia y Sheyanchi, curar con los espíritus, entre otras.

Sin embargo, Villafaña insiste en que su trabajo no nació de una vocación artística, sino de una urgencia: “La presión crea esa necesidad. Entendimos que la cámara era un idioma que esa gran sociedad escucha por los ojos”, explicó al recordar que en 2002 fue declarado objetivo militar y salió desplazado de la cuenca del río Zapatosa para salvar su vida.

Documentar en medio de la guerra

El fotógrafo relató que su decisión de registrar la Sierra Nevada surgió en uno de los momentos más críticos del conflicto armado. “En 2002 había anillos de grupos armados en la Sierra: abajo los militares, más arriba la guerrilla y luego los paramilitares. Lastimosamente los indígenas quedamos señalados por todos”, narró.

En medio de esa tensión, un mamo le dio una orientación que marcó su camino: “Me dijo: ‘Hay que comenzar a contar lo que está pasando y entre ellos mismos va a salir la verdad, pero hay que defenderse’”. A partir de entonces, la cámara se convirtió en herramienta de denuncia y memoria.

No obstante, también enfrentó resistencias dentro de su propio pueblo. “Que un civil llegue y tome una foto puede ser incómodo, pero normal. Que lo haga otro indígena es cuestionado, porque se ve como violar las normas de origen, como desnudar a la Madre y prostituirla”, explicó al referirse a la tensión entre la Ley de Origen y el uso de la imagen técnica.

La Sierra Nevada, corazón del mundo

Durante el conversatorio, Villafaña recordó que para los pueblos arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo, la Sierra Nevada de Santa Marta no es solo una cordillera, sino un territorio sagrado que concentra todos los pisos térmicos, desde el nivel del mar hasta los picos nevados, y una enorme diversidad de aves, ríos y microcuencas.

Según su cosmovisión, allí se trazó la llamada Línea Negra, un límite espiritual y territorial que marca los sitios sagrados donde se originaron las normas que regulan la relación con la naturaleza. “Los ríos son como las venas de la Madre Tierra, llevan alimento al mar y sostienen el equilibrio de la vida”, explicó.

Por esa responsabilidad, los pueblos indígenas se consideran “hermanos mayores”, mientras que al resto de la humanidad la llaman “hermanitos menores”. “El hermanito menor es bastante travieso: destruye todo”, dijo entre risas, aludiendo a los modelos de desarrollo que presionan la Sierra y sus ecosistemas.

¿Puede una cámara proteger un territorio?

Al ser preguntado por el impacto de su trabajo, Villafaña fue contundente: “Protegerla, no. Pero sí ha contribuido”. Sus películas y fotografías han sido traducidas a varios idiomas y exhibidas en distintos países, lo que ha permitido que la Sierra Nevada y sus pueblos sean reconocidos más allá del imaginario turístico.

“No la protege directamente, pero sí contribuye a que el mundo conozca y entienda”, afirmó, al señalar que esa visibilidad ha ayudado a disminuir parte de la presión sobre el territorio.

El líder arhuaco señaló que el archivo que están construyendo tiene dos públicos: las comunidades indígenas y la sociedad no indígena. “La gente que todavía no ha nacido va a poder ver a sus mayores luchando por conservar el territorio. Tal vez hoy no se vea, pero de aquí a 50 años será un tesoro”, sostuvo.

Oralidad, escritura y futuro

Uno de los puntos de mayor reflexión fue la tensión entre la tradición oral y el uso de la escritura y la imagen. En el pensamiento arhuaco, el conocimiento se ha transmitido históricamente de manera oral y en lengua propia, lo que plantea retos frente al uso de libros, cámaras y archivos audiovisuales.

Villafaña reconoció que esos cambios pueden debilitar ciertas prácticas, pero insistió en que la clave está en preservar el idioma y el sentido de la Ley de Origen. “Cuando se entiende el idioma, se tiene claridad sobre lo que es la Ley de Origen. Mientras eso esté vivo, el pueblo arhuaco no va a desaparecer”, dijo.

Con más de 20 años de trabajo detrás de la cámara, Amado Villafaña sigue insistiendo en algo: que los pueblos indígenas cuenten su propia historia. “Es una herramienta para dialogar a través de los ojos con esa gran sociedad que muchas veces ha hablado por nosotros”, concluyó.

Por Katlin Navarro Luna/ EL PILÓN

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