En el segundo día de la Feria del Libro de Valledupar (Felva 2026), el geógrafo e historiador David Ramírez Palacios convirtió la vida de Agustín Codazzi en una auténtica película de aventuras frente al público reunido en el segundo piso de la Casa de la Cultura. Entre mapas rescatados de archivos, anécdotas bélicas y relatos de fiebre en la sabana, Ramírez trazó el mapa humano e intelectual de un hombre que, como dijo, “pasó diez años recorriendo Venezuela” y luego se echó al hombro el reto de dibujar la Nueva Granada.
Ramírez arrancó su ponencia situando a Codazzi en el huracán de las guerras napoleónicas: un joven artillero formado en la tradición de los ingenieros geógrafos militares, para quienes la cartografía era, ante todo, una ciencia al servicio de la guerra.
En ese ambiente, explicó, Codazzi aprendió topografía, dibujo topográfico y algo más difícil de enseñar en las aulas: la capacidad de hablar con la gente, preguntar por los caminos, los ríos, las montañas y registrar con rigor lo que le contaban los habitantes de cada región. Ese método —escuchar para luego cartografiar— marcaría toda su obra posterior en América Latina.







