No tocar el acordeón para el Rey Vallenato Náfer Santiago Durán Díaz, es morir en vida porque desde los siete años ha estado pegado a su vida, y es el más grande tesoro musical porque le ha regalado paseos, merengues, sones, puyas, cumbias y tamboras.
Aquella mañana estuvo sentado al lado de la cerca del patio de su casa de El Paso, Cesar, notando cómo el sol asumía su rol para dar calor, comenzando a darle rienda suelta a las reminiscencias donde una dinastía regó notas de acordeón por ese amplio territorio, haciendo posible que la música vallenata fuera la encargada de entregar maravillosas historias cantadas.
En ese escenario pueblerino estaba ‘El negro de ébano’. El mismo que cuando lleva su inseparable acordeón al pecho le parece un juguete. Ese que hizo su propia presentación en la canción ‘La grabadora’. “Yo soy el negro Durán, al que llaman Naferito, pronto escucharán por disco, mi música popular”.











