Cada año, para el mes de abril, las casetas se llenaban de colorido para recibir a vallenatos y turistas que en pleno Festival de la Leyenda Vallenata buscaban sitios tradicionales para disfrutar de un rato agradable. Con el Festival también iniciaba una competencia entre las casetas: ninguna quería quedarse relegada, por eso, sus dueños siempre hacían labores titánicas para traer al artista de moda.
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Del otro lado de la calle, empresarios del sector organizaban las famosas verbenas, fiestas que se hacían en las calles con unos grandes parlantes (dos y hasta cuatro metros de altura) llamados pickups y que sonaban con una fuerza estruendosa. El que ofreciera el mejor sonido y potencia era el más contratado en épocas de Festival.











