Desde fuera del auditorio Consuelo Araújonoguera, los incautos transeúntes podían ver que algo en la biblioteca no era normal: Las puertas de vidrio de la edificación brillaban y despedían luces de colores que cambiaban al compás de la música electrónica que salía mezclada con aplausos y gritos de motivación.
Al ingresar al salón, las contradicciones parecían apoderarse de los sentidos. Las lámparas de dónde venían las ya mencionadas luces, rompían la sobriedad del diseño clásico que tiene el lugar y trasportaban al espectador a un punto particular donde el estilo, la moda, el glamour y la belleza eran protagonistas.
De un momento a otro, jóvenes de apariencia estilizada, carisma y una cuota de imponencia, se apoderaron de la pasarela e hicieron suya la atención de los presentes. Uno tras otro demostraron porqué fueron escogidos para representar a sus departamentos en las diferentes categorías del concurso.






