El artista que solía decir en las tarimas: “Me quieren acabar, pero no han podido”. “La única forma que el pobre esté feliz, es vivir borracho”, “Es que unos beben para olvidar, yo bebo pa’ recordarla”, “Pa’ que tú me olvides tienes que hacer un curso y ese curso lo dicto yo”, generador de polémicas por sus actos que lo llevaron incluso a estar en los estrados judiciales, ahora es diferente. Su testimonio está unido a la espiritualidad y centrado en las Sagradas Escrituras. Lee la Biblia, donde ha encontrado muchos versículos que ya hacen parte de su cotidianidad.
A Silvestre lo dominaba el trago y las mujeres. Pero asegura hizo un pare en el camino y ahora la vida lo premió porque enfocó su pensamiento en Dios, lo fortaleció con más amor a su familia y su carrera artística dio un vuelco total.
“Era el mes de diciembre de 2014, casi no dormía, y de ahí se derivaba todo. El barco de mi vida estaba a la deriva, y llegué a hacer cosas que no eran las mejores. Regañaba hasta mis músicos que son parte vital de mi carrera. En fin, después de leer un libro de Alex Campo que encontré entre tantos regalos que me hacen, comprendí que el llamado de Dios era para mí”.











