“Me ha tocado batallar con dos cosas: el tiempo y las ofensas”. Así resume el cantante Ernesto Mendoza su trance en la música vallenata, en la que debutó cuando tenía 17 años.
Nació en el corregimiento de Badillo (norte de Valledupar), pero lo llevaron muy niño a Villanueva, La Guajira, por eso considera que “es de donde creció”. Cantando serenatas abrió paso a su carrera, después fue llevado por Gabriel y Orangel Maestre a cantar en los patios, quioscos y festivales de la región. Así ganó experiencia y consiguió un reconocimiento local, por aquello de su gran calidad vocal.
Los estudios, dice, haberlos cursado con juicio hasta quinto de primaria. “De ahí en adelante no serví porque me di cuenta que cantaba y hasta luego”. Era cantante de baño. Sus amigos lo invitaron una vez a dar serenata, entonces encontró lo que quería hacer en su vida. Siguió los estudios en el Colegio Santo Tomás de Villanueva, pero nunca apartó de su mente la interpretación de balada, el género de la época. “En mis serenatas muy rara vez cantaba vallenato, eran baladas de los artistas más famosos de la historia. A mí no me encontraron cantando y me llevaron a un estudio de grabación, yo trabajé y me lo gané desde muy niño”.











