Cuando suben a una tarima y toman un micrófono, lo hacen para contagiar al público con sus canciones y los diferentes aires del vallenato. Es así como en la retina del fanático queda plasmada la imagen de un artista, pero no la de un político ofreciendo un simple discurso con tal de enamorar al pueblo.
Así como a muchos políticos quieren ser cantantes, también a los cantantes les gusta ser políticos. Es el caso de Jorge Oñate, quizás el mejor referente del género vallenato en una contienda electoral.
‘El cantante de La Paz’ alcanzó a ocupar una silla en el Concejo de su municipio, La Paz; fue diputado del Cesar, con la mayor votación en 1988. Representante a la Cámara por el Cesar en fórmula con Alfredo Cuello Dávila. En el periodo siguiente se volvió a presentar su nombre y fue elegido nuevamente a la Cámara, en compañía de Alfredo Cuello Baute. En las pasadas elecciones llevó a su esposa, Nancy Zuleta, a la Alcaldía de La Paz pero fue derrotado y hoy finalmente está apartado de la política al verse involucrado en investigaciones judiciales.
Pero ‘El Jilguero de América’ no es el único artista de la música vallenata con ganas de cantar discursos en una tarima, hemos tenido cantantes, acordeoneros, compositores y folcloristas en cargos de elección popular de corporaciones públicas. Miguel Morales aspiró a la Alcaldía de Valledupar y encontró el respaldo de 10.589 personas, que le alcanzó para una cuarta votación en las elecciones 2012 – 2015.
Sin embargo, el cantante que ha pisado con mejor fuerza en la política es Lidio García, exsenador oriundo de El Carmen de Bolívar; así como el compositor Alaín Cárcamo, quien ofició como alcalde de Curumaní, en el Cesar.
Y así como estos integrantes de nuestro folclor ocuparon sillas importantes en la ‘arena’ política, otros como ‘Beto’ Zabaleta se quedaron con las ganas de aspirar a la Alcaldía de El Molino, La Guajira.











