Con algunas cosas personales ya empacadas, la maestra de música Sandra Padilla Preston se prepara para marcharse de la ciudad este sábado, tal como llegó hace 19 años a Valledupar, cerrando un ciclo de su vida. Un viaje sin retorno la llevará a la ciudad de Santa Marta, donde viven su mamá y su única hija.
“Llega el momento en que acabas el ciclo en un lugar y tienes que comenzar en otro, ya mi ciclo en Valledupar se acabó, está concluido”, dice, mientras se arregla poco antes de llegar el fotógrafo del periódico.
De las cosas que deja en Valledupar, el Coro Schola Cantorum, es uno de sus mejores recuerdos del trabajo realizado en la ciudad, también todos los logros que hizo en el canto como hecho de descubrir el tenor Rafael Figueroa Pastrana, la pianista Ruby Estefany Gnecco y tener a Gustavo Gutiérrez como cantante de música popular. “Todos alumnos excepcionales”, dice. “En Valledupar recibí mucho apoyo de instituciones y personas, hice muchos amigos que dejaron una huella en mí”, afirma.






