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“El pobrecito Escalona lo mató una molinera, y eso de la pasa a los hombres por querer de esa manera, por eso prohiben los santos de que un hombre quiera tanto”.
Una noche del 23 de junio, en el marco de las fiestas patronales del Perpetuo Socorro, en San Diego, Cesar, un hombre de mirada picaresca desbordó sus pensamientos a una mujer que presenciaba en medio de una verbena.
Rafael Calixto Escalona Martínez con el respeto y verbo que lo caracterizaba se acercó a Elsa Elvira María Armenta López, una mujer, joven y bella, de aproximados 23 años, en ese momento le hizo una promesa que casi nunca se puede romper, como la de gallero o un molinero de cepa; “te haré una composición de versos”.






