El teniente del Ejército (r) Carlos Andrés Lora Cabrales constituyó su carrera militar con orgullo por pertenecer a ciertos batallones de contraguerrilla y de combate que había en el territorio nacional, pero reconoce que al alcanzar los 44 años de edad ese orgullo se desvaneció entre las manos manchadas con sangre de personas inocentes.
Las condecoraciones, los uniformes, las felicitaciones y el reconocimiento murieron un día que su madre decidió quemar todo mientras estuvo privado de la libertad en la cárcel ‘La Picota’ de Bogotá.
“Con esto sepulté cualquier honor militar que me quedaba”, afirmó Carlos Andrés Lora Cabrales. El hombre contó que su participación en las ejecuciones extrajudiciales con el Batallón de Artillería N°2 La Popa comenzó con un hecho que sucedió el 22 de marzo de 2003 en el asentamiento de La Mesa, zona rural de Valledupar.











