Es tarea propia de los jóvenes. Las nuevas generaciones del Caribe deben volver al vallenato tradicional, reanimar el folclor criollo que padece una enfermedad inducida y que podría ser terminal.
Por esa razón decidí hacer esta serie de escritos para, desde mi postura y mi lugar en la región, reivindicar el verdadero sentido de nuestro vallenato, del viejo vallenato aquel que podría quedar difunto en el tiempo si no hacemos lo posible por revivirlo.
Los jóvenes y muchos adultos no saben del gran caudal lírico, narrativo y poético que deja sepultado constantemente el fenómeno de la globalización en nuestro folclor nacional y en nuestra región; globalización absorbida a través de los medios de comunicación y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).
Andamos felices por el mundo disfrutando de géneros derivados (extranjeros por lo general), de “mezclas” que nos parecen originales por su mediocridad e “irreverencia”; disfrutando de artistas con ningún tipo de consideración por lo social, gozándonos una fiesta que no es de nosotros.
En ese sentido, empezaré, pues, por rescatar de la selva del olvido, a compositores, anécdotas y canciones que significan y dignifican realmente lo que es nuestra fiesta, nuestro ditirambo caribeño popular enmarcado en los ritmos de la música de acordeón, caja y guacharaca.











