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Los Números del posconflicto - 18 julio, 2019

En la Jagua de Ibirico esperan con optimismo los recursos de la paz

A diferencia de otros municipios que hacen parte de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, en esta población todavía no se han generado dudas con relación a su implementación; por el contrario, confían en que traerán progreso para el campo en la próxima década.

La Jagua de Ibirico es uno de los 25 municipios que conforman el departamento de Cesar. Por su ubicación, tiene una notable influencia de la actividad minera que se mueve en esta zona del nororiente del país. Se encuentra a dos horas en carro de la capital, Valledupar, hacia el sur, y está conformada por tres corregimientos y 36 veredas.

Precisamente en la vereda Maquencal, la más cercana al casco urbano del corregimiento La Palmita, reside José Alfredo Durán Trillos, líder comunal que trabajó de manera activa en la estructuración de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) de La Jagua de Ibirico, uno de los municipios priorizados de esa zona del Caribe para recibir sus beneficios.

En entrevista dada a El Pilón, expresó su optimismo por lo que se avecina para su región con la implementación de los PDET, que empezaría a dar frutos a partir del 10 de septiembre, tal como lo anunciaron a través del grupo que conformaron varios miembros de la comunidad en la aplicación de mensajería WhatsApp con la cual mantienen el contacto para hacerle seguimiento a esta labor.

El Plan de Acción para la Transformación Regional (PATR), documento clave para la implementación de los PDET en Sierra Nevada-Perijá-Zona Bananera, se firmó el 21 de diciembre de 2018, tras concluir un proceso de concertación de por lo menos un año de trabajo que contó con la participación de 12.161 personas de los 15 municipios de tres departamentos que integran esta subregión (Cesar, La Guajira y Magdalena), consolidando 84 iniciativas.

“Básicamente ahorita lo que están es como dándole el orden y la forma a los PDET para contar con la participación de los profesionales”, aseguró Durán Trillos y, de paso, se mostró confiado en que sean las personas de las mismas comunidades de La Jagua de Ibirico las que se vinculen a la ejecución de los proyectos.

De acuerdo con este líder comunal, lo ideal sería que iniciaran con el mejoramiento y la adecuación de los planteles educativos de la zona rural con el propósito de optimizar las condiciones de infraestructura de las escuelas. De acuerdo con el actual plan de desarrollo local (2016-2019), son 33 escuelas “que registran deficiencias en infraestructura y dotación”. En varias de las cuales, según el líder comunal, se dictan clases a más de 40 estudiantes que cursan dos grados diferentes.

“Se distorsiona todo”, afirmó Durán Trillos, al cuestionar ese hacinamiento. “Los niños tienden a ser un poco hiperactivos, entonces eso los lleva a desconcentrarse y de pronto no se cuenta con un mejor ambiente, una buena ventilación para tener mayor concentración para su rendimiento académico”. Las difíciles condiciones también se vuelven bastante exigentes para los docentes.

Además del sector educativo, los lugareños esperan que pronto se pongan en marcha algunos trabajos de adecuación de las vías rurales sugeridos en los PDET, las que, como en diversas zonas del departamento y del país, carecen de condiciones idóneas para el transporte de los labriegos y de sus productos agrícolas, entre ellos el maíz y la yuca.

Un aspecto de especial relevancia para estas comunidades tiene que ver con la titulación de predios y la delimitación de los linderos con el vecino municipio de Chiriguaná con el propósito de que se determine de mejor manera la inversión de los recursos que se hace por parte de cada administración.

“Cuando digo que estamos a la expectativa es porque nos vamos a convertir en veedores todos para que esto se cumpla tal cual como quedó pactado porque estamos hablando de muchas inversiones para muchas veredas”, aseveró Durán Trillos.

Conflicto que generó rechazo

La Jagua de Ibirico fue un municipio afectado en gran medida por el conflicto armado. Una de sus consecuencias fue el desplazamiento forzado de cientos de campesinos, quienes abandonaron las veredas con el fin de proteger sus vidas. Ahora esperan que a través de los PDET puedan recuperar algo de lo perdido con proyectos productivos que les permitan crecer y poner a producir la tierra.

Hace tres décadas, en la zona rural se producía tomate, cebolla, papa y plátano, pero todo fue cambiando tras la aparición y explotación de los yacimientos de carbón, que se acentuó con la violencia, lo que provocó el abandono de las labores agrarias. Ahora se espera que se retorne a la actividad agrícola con los nuevos programas derivados del Acuerdo de Paz firmado en noviembre de 2016 entre el Estado colombiano y la antigua guerrilla de las Farc.

Los PDET en este municipio, como en todos los demás territorios priorizados, iniciaron por núcleos en algunas de las veredas que lo conforman. En este caso se trató de espacios en Las Argentinas, El Indio, Caudaloso, San Isidro, El Triángulo, Las Palmitas, Caño Adentro y San Antonio, donde las comunidades trabajaron las iniciativas del sector rural. 

Desde comienzos de la década del noventa, este municipio cesarense comenzó a padecer las acciones armadas de las guerrillas de las Farc y el Eln, a las que se sumaron las incursiones de grupos paramilitares. Los pobladores se enfrentaron a graves dificultades en sus actividades cotidianas para preservar sus vidas.

“Cuando eran las ocho de la noche uno tenía que estar encerrado y de repente sentíamos cómo violentaban las puertas de las casas de nuestros vecinos en la zona urbana”, rememoró Durán Trillos, quien aún recuerda cómo el simple sonido de una motocicleta les generaba a los pobladores bastante miedo porque sabían que venía acompañado de un asesinato.

Evidencia del efecto negativo que tenía el conflicto en esta zona del departamento trascendió las fronteras locales. En carne propia, este líder sintió el rechazo que muchos le transmitían al escuchar que se dirigía a La Jagua de Ibirico cada vez que retornaba de sus clases como auxiliar administrativo que cursaba en la ciudad de Bucaramanga, de donde es oriundo.

“Recuerdo que cuando venía en la temporada de diciembre algunas personas me decían que eso era zona roja. Ya desde ahí uno sentía como estigma”, afirmó el líder comunal. “Una vez una persona me insinuó que tenía que bajarme en el cruce de Chiriguaná porque no podían llegar hasta acá”.

La Jagua de Ibirico mira hoy con optimismo una nueva etapa de los PDET que esperan inicie en septiembre de este año con la ejecución de proyectos dirigidos a la adecuación de vías, mejoramiento de escuelas y titulación de predios.

La alteración del orden público y el estigma de ‘zona roja’ repercutieron en la infraestructura vial, pues se dejó de invertir en ella por la falta de uso. “Hasta por transporte sufríamos”, puntualizó Durán Trillos.

La confrontación armada entre guerrilleros, paramilitares y fuerzas estatales se fue agravando de manera dramática desde 1998 cuando comenzaron a presentarse los desplazamientos masivos de la población, que se incrementaron progresivamente hasta el 2004, cuando, según el Registro Único de Víctimas, se registraron 4.309 personas desarraigadas. Al año siguiente las cifras comenzaron a descender.

Para el 2008 la situación empezó a calmarse, lo que permitió el retorno de muchas de familias que habían dejado sus fincas y sus casas en los centros poblados tras huir de la guerra. Uno de esos casos es el de una de las tías de Durán Trillos, quien tiene su parcela en la vereda Campo Alegre y que abandonó por varios años por miedo a la guerra.

“Iba y la visitaba, con temor, pero iba”, recordó este líder comunal. “Le daba nostalgia ver que los predios eran irreconocibles. Pero decide volver y, pese al esfuerzo, no logra tener su parcela como la tenía en aquellos tiempos”.

Al evocar ese pasado, Durán Trillos trajo a colación el entusiasmo de los campesinos por la tierra y el anhelo de ponerla a producir, pero, sobre todo, de volver a creer, de invertir, de reactivar el campo. Y en ello se están aplicando. Los labriegos han empezado a desarrollar un mercado campesino en el que comercializan sus productos en el casco urbano del municipio todos los domingos, actividad que, poco a poco, se ha vuelto un hábito para esta comunidad campesina que pretende fortalecerse mediante el apoyo entre ellos mismos.

En ese esfuerzo, los PDET son sin duda una apuesta fundamental para sacar adelante las actividades agrícolas en la Jagua de Ibirico. Omar Castillo Novoa, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Maquencal, se sumó al optimismo expresado por Durán Trillos y reconoció que este programa es algo que esperan, de ahí que se hayan animado a hacerle un seguimiento detallado para que se cumpla a cabalidad y se vean los resultados.

“Fue una belleza, tuvimos la suerte de trabajar esto en las veredas y quien más que él (Durán Trillos) para dar cuenta de esto porque fue en parte quien llevó a cabo ese trabajo”, destacó Castillo Novoa, quien se mostró esperanzado en que los PDET realmente fomenten el desarrollo agrícola en el municipio para que los labriegos tengan una mejor calidad de vida.