EL VALLENATO

El escritor vallenato de realismo sucio que llega a la FILBo 2026 con sus cuentos de terror

El microbiólogo y autor vallenato Andy López, conocido por sus relatos de terror y realismo sucio ambientados en Valledupar, participará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026 con una ponencia invitado por Ita Editorial.

Andy López, escritor vallenato de realismo sucio, suspenso y terror, estará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026. Foto: Cortesía.

Andy López, escritor vallenato de realismo sucio, suspenso y terror, estará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026. Foto: Cortesía.

Por: Katlin

@el_pilon

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Andy López, escritor vallenato de terror y realismo sucio, será uno de los invitados de Ita Editorial en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2026 y presentará la charla “Escribir desde la grieta: cuando la infancia mira lo innombrable” el miércoles 22 de abril, a las 4:00 de la tarde, en Corferias. Su participación marca la entrada de una voz poco convencional en el panorama literario de Valledupar, más acostumbrado a la crónica costumbrista y al universo del vallenato que a las historias de feminicidios, suicidios y cicatrices de la infancia.

Así será la participación de Andy en la FILBo

La ponencia “Escribir desde la grieta: cuando la infancia mira lo innombrable”, a cargo de Andy López (seudónimo ALB), escritor y microbiólogo vallenato invitado por Ita Editorial, sello independiente con estand en la FILBo, se realizará el 22 de abril de 2026, a las 4:00 de la tarde, en el estand de Ita Editorial en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en Corferias.

En su charla, López explicará cómo los escritores transforman traumas de la niñez en material narrativo y por qué, según él, “todos los que escribimos drama estamos dañados”. También hablará de sus cuentos de terror y realismo sucio publicados en antologías colombianas y latinoamericanas, entre ellas las de Ita Editorial y la chilena Factor Literario.

¿Quién es Andy López?

Andy López nació en Valledupar, pero su infancia estuvo marcada por la migración a Venezuela, donde su familia buscó mejores oportunidades cuando él tenía cinco años. Allí vivió el racismo y la xenofobia que hoy padecen en Colombia muchos migrantes venezolanos hoy: “Sufrí mucho de bullying por ser diferente, por no ser de allá”, recuerda. La muerte de su padre en un accidente laboral, cuando tenía nueve años, obligó a la familia a regresar al Cesar.

De vuelta en Valledupar, decidió dejar de ser “el niño sometido” y se convirtió en uno de los estudiantes más visibles de su colegio: jugó en la Liga del Cesar, fue preselección Colombia de baloncesto y participaba en los actos cívicos como bailarín. Paralelamente, escribía en secreto cartas y textos que entendía como una forma de desahogo personal. “Soy el cliché literario: el chico rudo que entrena, que pelea, nadie podría imaginar que escribo”, dice.

En su adolescencia vivió otro quiebre que marcó para siempre su escritura: una novia se suicidó, hecho que lo llevó a la depresión, al uso de medicamentos y, más tarde, al diagnóstico de bipolaridad tipo 2. Ese episodio terminó convertido en “Playlist”, un cuento en el que un joven intenta comunicarse con su pareja muerta a través de la música y termina engañado por una presencia que lo empuja al suicidio.

Aunque soñaba con estudiar medicina, terminó formándose como microbiólogo en la Universidad Popular del Cesar, siguiendo la ruta de muchos jóvenes del Cesar que no lograron acceder a esa carrera. Su profesión lo llevó a vivir cinco años en Santa Rosa de Osos, en el norte de Antioquia, donde se acercó a un círculo de escritores que lo ayudaron a pulir su estilo. “Me rodeé de escritores borrachos y empecé a escribir; ellos veían literatura donde yo solo veía tabú, eso me ayudó a no reprimir mis ideas”, recuerda.

De las convocatorias al río teñido de sangre

López ha construido su trayectoria a punta de convocatorias de editoriales independientes. Su primera publicación fue con Ita Editorial en una antología de terror, con el cuento “Manzano sin frutos”, ambientado en un pueblo de Noruega donde una madre descubre que el sacerdote ha abusado de su hijo monaguillo, lo asesina y luego se cuelga de un árbol que se convierte en símbolo del horror.

Luego participó en dos antologías de Ita dedicadas a la soledad. En “Ironía del llanto bajo la marina felicidad” cuenta la vida de dos personajes “perros underground, roqueritos, depresivos” que vagan por distintos puntos de Valledupar, con referencias claras a espacios urbanos de la ciudad. En “Un poco menos solo” vuelve al realismo sucio con relatos cortos atravesados por lenguaje coloquial, música y personajes golpeados por la vida.

Literatura vallenata en Latinoamérica

Su salto internacional llegó con Factor Literario, en Chile, que lo incluyó en la antología “Cuando la realidad se vuelve fantasía y misterio” con el cuento “Amor depredador”. Allí, una joven narra su propio feminicidio a orillas de un riachuelo que podría ser cualquier río de la región: “Estaba allí, tirada a las orillas de aquel riachuelo verduzco, con rocas de color gris y mi sangre tiñendo lo claro de las aguas. El olor a humus y los palos meados me recordaban aquella madrugada en el Parque de la Provincia”.

La prosa de López funciona como una cámara que se acerca sin pudor al cuerpo de la víctima y a la violencia de pareja. En medio de las descripciones del paisaje vallenato, la narradora recuerda detalles íntimos de la relación: “Entrelazamos nuestros deditos como serpientes que se aparean, un reflejo involuntario del alma que permite conectar cada célula de nuestro cuerpo”, escribe antes de llevar al lector hasta el momento del asesinato.

En paralelo, el autor ha trabajado con editoriales argentinas —como Rubí Editorial— en formatos de microcuento. En “Incy Wincy” condensa en pocas líneas la historia de dos hermanos, un sótano y un asesino en serie escapado de un sanatorio, probando que su imaginería oscura funciona igual en relatos cortos que en cuentos más extensos.

¿Qué es el realismo sucio que escribe Andy?

Andy define su estilo como realismo sucio, un subgénero del drama que se caracteriza por una mirada frontal a la crudeza de la vida cotidiana, sin filtros ni decoraciones, con lenguaje directo y, muchas veces, vulgar. “Es un subgénero relativamente nuevo y mucha gente todavía no logra dimensionarlo. Intento escribir como hablamos en Valledupar, no tengo miedo de escribir ‘jueputa’, ‘marica’”, explica.

En su caso, el realismo sucio se alimenta de tres fuentes claras: La oralidad vallenata: sus personajes hablan como la gente de barrio, mezclan insultos, muletillas, referencias a canciones y a lugares reconocibles. La violencia de la intimidad: feminicidios, maltrato intrafamiliar, suicidio y abuso aparecen una y otra vez, pero desde el punto de vista de quienes los padecen. Y, la propia biografía del autor: migración, bullying, duelo y trastornos de salud mental se codifican en sus ficciones, muchas veces a través de mujeres o niñas que enfrentan agresores.

Fusión entre conocimiento, ficción y narración

Ese registro coexiste con incursiones en el terror clásico y la ciencia ficción. En “El último latido estelar”, por ejemplo, narra el amor entre dos estrellas —una vieja, una nueva— a partir de conceptos de astronomía y física, pero manteniendo su sello: una historia que termina en tragedia. En “Playlist”, el puente entre el mundo de los vivos y los muertos no es una ouija sino un listado de canciones compartidas por una pareja, convertido en canal de manipulación desde el más allá.

Aunque reconoce que su obra ha sido “muy visceral y vulgar” en algunos momentos, López dice estar trabajando en una versión más “comercial” de su propia voz, capaz de llegar a lectores que quizá no se sienten cómodos con el lenguaje más crudo. “Quiero hacerlo sin perder mi estilo, sin perder mi voz, pero que la gente lo lea y no lo sienta tan fuerte”, afirma.

Un forastero en la escena literaria vallenata

A pesar de sus publicaciones en Colombia, Chile y Argentina, y de su próxima presencia en la FILBo, Andy reconoce que en la escena literaria de Valledupar sigue siendo un nombre poco conocido. “En el colectivo literario de Valledupar yo no me muevo mucho; me muevo más en Antioquia, en Bogotá, porque la literatura de Valledupar es diferente”, dice.

“Creo que es una oportunidad grande para poner a Valledupar también en la lista con el tema literario. Nos conocen por el vallenato, por las piedras en los ríos y todo eso, pero es una buena oportunidad de demostrar que también en Valledupar escribimos, que Valledupar también tiene letras, que exporta escritores de otros géneros, no tradicionales”, asegura.

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