30 junio, 2021

El tono menor, silenciado en las canciones vallenatas

He escuchado varias canciones en tonalidad menor que inexplicablemente no han sido grabadas, imposible adivinar qué sucede, no quiero pensar que algunos intérpretes no se les miden por miedo a fallar en el intento.

Acordeoneros en el festival vallenato.

“Toco los pitos bonito, toco los bajos sabroso, soy el gallo peligroso, con la espuela y con el pico”. Corresponde el aparte transcrito a ‘El gallo jabao’, una de las obras musicales emblemáticas de Luis Enrique Martínez, infaltable en los festivales de música vallenata. La hizo en respuesta a la oposición

Llama la atención que cada vez son menos las canciones que se están grabando en la tonalidad menor. Lo que popularmente se conoce como ‘en tono menor’ es una característica especial, que da un tono melódico melancólico a lo que se toca o al acompañamiento del canto en su interpretación. Independientemente si se trata de un paseo o de un merengue, deja extendido siempre un halo sentimental al canto.

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Dicen los que saben más de eso que es la tonalidad menor la jáquima para muchos acordeoneros, no todos tienen la habilidad para ejecutar esa modalidad del toque, tampoco todos los cantantes dan la medida para cantar así las canciones, en lo cual se han destacado  por su sapiencia y su audacia algunos acordeoneros viejos y otros no tanto.  Entre los primeros, Nafer Durán, Alberto Pacheco, Luis Enrique Martínez, Andrés Landero,  Alfredo Gutiérrez, ‘El Turco’ Gil y Emilio Oviedo, por cierto, este último hizo un especial despliegue de arpegios en los interludios al grabar ‘Compañera y amiga’, uno de los pocos merengues que se han podido grabar en tono menor. Esa canción vino en el LP ‘Lo máximo’, su tercera y última producción al lado de  Beto Zabaleta en 1978.

Además de los anteriores, se destacó Juancho Rois, y  son especialmente briosos en el manejo de ese tono: ‘El Pangue’ Maestre, ‘Cocha’ Molina, Víctor Reyes, Omar Geles, Juancho de La Espriella, ‘El Pollo’ Irra, Ismael Rudas, y el profesor de todos  Emilianito Zuleta Diaz,  prueba de ello son el número apreciable de canciones que ha grabado así, y que en columna pasada habíamos mencionado: ‘El cóndor legendario’, en 1977; ‘Tierra de cantores’, en 1978; ‘Amanecer’, en 1979; ‘Alma perdida’, en 1993; ‘Flor de mi camino’, en 1984; ‘La espinita’, en 1993; ‘No es negra,  es morena’ y ‘Senderito de amor’, en 1994; ‘A mamá’, en 1994;  ‘Sentimental’, en 1997; ‘Aquella carta’, en 1998, y ‘Cantaré’, en el 2002.

He escuchado varias canciones en tonalidad menor que inexplicablemente no han sido grabadas, imposible adivinar qué sucede, no quiero pensar que algunos intérpretes no se les miden por miedo a fallar en el intento. Otros lo han logrado, y con grandes éxitos, en los estudios de grabación, así como los acordeoneros mencionados, también se han lucido muchos cantantes, como Poncho Zuleta, Elías Rosado,  Beto, Iván Villazón, Silvio Brito, Adanies, Alfredo Gutiérrez, Rafael Orozco y el ‘Cachaco’ Jiménez. Probado está que cantar en esas condiciones y lograr posicionar ese tipo de canciones sí es posible.

El maestro Julio Oñate Martínez, en su obra cumbre ‘El ABC del vallenato’, refiere que hasta cuando hizo su publicación  solo se conocía una puya en tono menor: ‘El vallenato y su fiesta’, del Chiche Maestre Socarrás, con la cual llegó a la final del Festival Vallenato de 1995. Dice que la puya fue grabada en un sencillo por la CBS. He intentado encontrarla pero ha sido infructuosa esa gestión; creo que sigue siendo la única porque no he tenido conocimiento que exista otra.

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A propósito de Julio Oñate, también en su obra, se refirió al tema así: “La tonalidad menor confiere a las melodías un aire de delicadeza y finura, cierto dejo nostálgico que les permite acceder con facilidad y permanencia al sentimiento popular”.

Sin duda, allí está dicho todo, por algo, todas o casi todas las mencionadas siguen siendo recurrentes en la radio colombiana, pero es hora que los nuevos muchachos nos convenzan a sus seguidores que “la tonalidad menor no es el bozal de cantantes y acordeoneros”.

Por: Luis Eduardo Acosta Medina