4 abril, 2021

El desconocimiento de los procesos en la salvaguardia del patrimonio: caso del vallenato

Se debe tener claridad que las inversiones en cemento y ladrillo, si bien son necesarias para fortalecer el turismo cultural, repito, no garantizan la salvaguardia de la música vallenata tradicional y se convierten en lo que Rodolfo Quintero llamó “la momificación del vallenato”, a pesar de que lo inmaterial no se puede momificar.

Se habló de la Cátedra Vallenata pero nunca se materializó. 

FOTO/REFERENCIA.

Me mueve a escribir este artículo las reiterativas opiniones de connotados historiadores, periodistas, columnistas y dirigentes, quienes, tal vez por no haber participado en los procesos de patrimonialización, nacional e internacional, o por falta de investigación de los hechos en los que se reconoce a la música vallenata tradicional como Patrimonio Cultural Inmaterial del Caribe colombiano, por parte del Ministerio de Cultura y del Magdalena Grande  en necesidad urgente de salvaguardia, por parte de la Unesco, opiniones en las que permanentemente se cae en errores que desinforman a la comunidad en general.

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Se tocan temas como el Centro Cultural del Vallenato, la “declaratoria” de la Unesco como Patrimonio “de la humanidad”, la necesidad de la educación obligatoria sobre el folclor vallenato en colegios públicos y privados, y la participación activa de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en la operación de dicho centro cultural.

Para una mayor comprensión y conocimiento de los temas tratados, me permito compartir parte de mi experiencia activa en el logro de la mal llamada “declaratoria” de la Unesco y la equivocación que existe sobre “Patrimonio de la humanidad”. En primer término debe quedar claro que no es una declaratoria; es la inclusión en la “Lista del patrimonio cultural inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia” de la Música Vallenata Tradicional del Magdalena Grande, una de las tres listas que maneja la Unesco para estos reconocimientos y que tiene mayor peso que la lista de “Patrimonio de la Humanidad”, ya que tendría Asistencia Internacional, con recursos de la Unesco si el Estado colombiano lo solicita. En el mundo solo hay cuatro manifestaciones incluidas en esta lista y en Colombia es la única. Esta lista la registra el Artículo 17 de la Convención del 2003 en el Capítulo IV. Salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial en el plano internacional.

En segunda instancia, debo ser reiterativo en que el Estado colombiano (alcaldías, gobernaciones y Gobierno nacional), sin que se escapen nuestras administraciones locales y departamentales,  han tenido un total desconocimiento de esa “necesidad urgente de salvaguardia” que responde a las iniciativas de protección contenidas en el Plan Especial de Salvaguardia, PES, para esta manifestación cultural, a pesar de la gestión realizada y la presentación de proyectos acordes con este documento, debidamente avalado por Mincultura y por la Unesco.

La dirigencia de estas entidades de gobierno y sus concejos, asambleas y ministerios, nunca han asimilado que los contenidos del PES son procesos, no infraestructura de cemento y ladrillo, aunque estas se reconocen para ofertar la ciudad como destino turístico, pero no garantizan la preservación del patrimonio inmaterial. El ejemplo más claro es la proliferación de estatuas a conocidas figuras del folclor vallenato, la Casa en el Aire y el Parque de La Provincia, sin quedarse atrás la inminente construcción del Centro Cultural de la Música Vallenata, cuya ejecución está decidida por la actual administración de la Gobernación del Cesar, en la que no se conocen los contenidos que este centro tendrá; valdría la pena que le soplaran al señor gobernador que para el diseño de los contenidos de este Centro, la ruta escogida por la firma española IDOM Consulting, fue el Plan Especial de Salvaguardia, PES, formulado por la Corporación Clúster de la Cultura y la Música Vallenata, equipo conformado por Adrián Villamizar Zapata, Rosendo Romero Ospino, Stella Durán Escalona, Santander Durán Escalona, Lolita Acosta Maestre (q. e. p. d.) y Carlos Llanos Diazgranados, quien ofició de coordinador de los dos procesos.

El Centro Cultural Vallenato, una propuesta del gobernador del Cesar. FOTO/CORTESÍA.

Esta escogencia del PES para definir los contenidos del Centro se realizó después de estudiar toda la historiografía publicada sobre esta manifestación, escritas por Consuelo Araujonoguera, Ciro Quiroz, Julio Oñate Martínez, Tomás Darío Gutiérrez y otros historiadores reconocidos.

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En este logro de reconocimientos de Patrimonio nacional e internacional y en la gestión realizada, la única entidad privada que apoyó el proceso fue la Cámara de Comercio de Valledupar, y la única entidad pública de apoyo fue el Ministerio de Cultura en la administración de Paula Marcela Moreno. La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata no tuvo ninguna participación en estos procesos, a pesar de la insistente invitación a participar; sería un muy mal acompañante “de la mano” a propósito del Centro Cultural del Vallenato.

Se debe tener claridad que las inversiones en cemento y ladrillo, si bien son necesarias para fortalecer el turismo cultural, repito, no garantizan la salvaguardia de la música vallenata tradicional y se convierten en lo que Rodolfo Quintero llamó “la momificación del vallenato”, a pesar de que lo inmaterial no se puede momificar; lo que pretende el PES, cuyos contenidos son los procesos que se deben adelantar para, ahora sí, garantizar la salvaguardia de una manifestación cultural, de toda una subregión del Caribe colombiano, que representa gran parte de su identidad cultural y que en últimas es lo que se desea  preservar.

En relación a lo que tiene que ver con la necesidad de la educación obligatoria sobre el folclor vallenato en colegios públicos y privados, el Clúster sí tuvo la voluntad para la creación de la Cátedra vallenata, que consideramos determinante en el fortalecimiento de la identidad cultural de las nuevas generaciones, quienes no tienen conciencia de lo que significa mantener la tradición cultural, máxime cuando su  mayor expresión ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial del orden nacional, por parte de Mincultura y del orden internacional por parte de la Unesco.

La Cátedra Vallenata es uno de los varios proyectos contenidos en la Ley 739 de 2002, conocida como la Ley Consuelo, la cual se encuentra ad portas de cumplir 20 años de vigencia sin su cumplimiento y allí se registra esta obligatoriedad; se logró, por iniciativa del diputado Hilario Áñez, una Ordenanza para la implementación de esta Cátedra en todo el departamento del Cesar. Nos dimos a la tarea de proyectar sus contenidos y cuando fuimos a Aguachica a socializar el tema, las cabezas visibles del municipio se opusieron taxativamente con el argumento de que la música vallenata no era parte de su identidad cultural; hoy se reafirma este sentir con la propuesta que se viene adelantando de crear un nuevo departamento que acoja a los municipios del sur del Cesar. Con el mismo argumento, un grupo de jóvenes de Tamalameque, entre los que se encontraba un hijo de Diógenes Pino, puso una tutela ante la Corte Constitucional, dándoles esta la razón, dado que esa cátedra no puede ser obligatoria porque la identidad cultural de ese municipio está alrededor de la tambora.

Esta decisión perjudicó a los otros 24 municipios del Cesar, dado que fue dictada de forma general.  Se inició entonces la propuesta de implementarla en forma optativa, ante el Ministerio de Educación Nacional y ante la Secretaría de Educación Municipal de Valledupar, sin ninguna respuesta positiva.

En la primera administración del actual gobernador tuve la oportunidad de compartir con el entonces secretario de Agricultura, Carlos Campo Cuello, el Marco Lógico del Clúster de la Música Vallenata, formulado hace aproximadamente 10 años, por funcionarios del Ministerio de Cultura y una veintena de actores y gestores culturales de Valledupar. Campo mostró todo su apoyo a la implementación de este Marco Lógico, pero no fue posible un acercamiento con el gobernador de la época, que es el mismo que hoy nos gobierna.

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Este documento, presentado a diferentes instituciones, sin respuesta, contiene todos los procesos que se deben abordar para garantizar la preservación de la tradición musical vallenata, con participación del Sena, los ministerios del caso y las alcaldías y gobernaciones del Magdalena Grande. Hoy, debidamente ajustado, con un horizonte de tres años, su dimensionamiento financiero alcanza los 15 mil millones de pesos, los cuales representan solo un 10 % del valor de la inversión en la construcción del Centro Cultural de la Música Vallenata, para la cual se ha recomendado, atinadamente, que su sitio ideal es el Parque de la Leyenda Vallenata y no la llamada Zona de Carreteras donde está proyectado.

En la región se han construido figuras en honor a los grandes de la música vallenata. FOTO/ARCHIVO.

Quiero dejar constancia de que no soy historiador, ni ejecutante de instrumentos, ni intérprete del canto, ni compositor, es decir, no soy actor ni detentor de la manifestación. Simplemente soy un seguidor de la música vallenata tradicional, foráneo vallenatizado, haciendo gestión cultural, en espera de que la dirigencia del Magdalena Grande se pellizque, sin regionalismos malsanos, sobre la importancia de la función social que cumple la música vallenata tradicional como identidad cultural de toda una subregión del Caribe colombiano.

No soy amigo de las predicciones con base en los signos zodiacales, los leo por el ingenio que aplican quienes los redactan, pero el Tarot de Mavé de mi signo Aries de este domingo en el Espectador me sorprendió por lo certero de su apreciación: “Usted era una persona activa y colaboradora, pero se desentendió de lo que pasa. Y no es que no le importe; al contrario, todo lo afecta, conmociona y desconcierta. Ha visto a su alrededor a tantos mentirosos y tanta deslealtad, que no quiere participar en nada. Su confianza se aviva por momentos y otras veces se evapora…”.

Por: Carlos Llanos Diazgranados.