5 junio, 2021

El Cesar tiene las dos zonas del país con mayor tráfico ilegal de fauna

Creencias populares y la poca conciencia ambiental impulsan a cazadores furtivos y a la comunidad de diferentes territorios del departamento a traficar con animales silvestres como guacamayas gonzalas o azul y amarillo (Ara ararauna), iguanas, morrocoys, entre otras especies.

Los morrocoys son cazados para su domesticación.

El tráfico ilegal de fauna silvestre en el Cesar es una de las problemáticas ambientales que persisten en el territorio desde hace varias décadas debido a que algunos animales son considerados delicias culinarias (como la iguana verde), mascotas (morrocoys), y atractivos “decorativos”, como las guacamayas gonzalas o azul y amarillo (Ara ararauna), lo que ha provocado que en el departamento existan las dos zonas del país con mayor tráfico de animales silvestres. 

Así lo dio a conocer Pablo Ortega, director de la Red de Fauna y Flora Silvestre de Corpocesar, quien aseveró que el corregimiento de Cuatro Vientos, zona rural del municipio de El Paso, y el corregimiento de Mariangola, Valledupar, reportan el mayor número de animales que son capturados de forma ilegal para domesticación y comercialización. 

El experto señaló que en el departamento los animales silvestres que son mayoritariamente víctimas del tráfico ilegal corresponden al grupo de las aves. Dentro de esta categoría está la cotorra cara sucia (Eupsittula pertinax), el perico bronceado (Brotogeris jugularis), guacamayas gonzalas o azul y amarillo (Ara ararauna), y el loro real amazónico (Amazona ochrocephala). 

En el caso de los reptiles está la iguana verde (iguana iguana), ampliamente apetecida por sus huevos en su temporada de reproducción, su carne en platos típicos de corregimientos del departamento y su piel para la realización de carteras de mano. 

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Por último, en el grupo de los mamíferos los más traficados son el mico cariblanco y el mono colorado. Ortega explicó que la cultura cesarense influye en la captura de los animales al punto de pagar dinero a cazadores furtivos para que invadan el área natural de la especie y la roben de su territorio. 

“Para disminuir el tráfico ilegal de fauna silvestre en el departamento, la corporación ha implementado campañas de sensibilización ambiental y educación para que las comunidades comprendan el valor que representa en el ecosistema, y el daño que se le ocasiona al ser cazada para actividades comerciales ilegales”, comentó el experto. 

Precisó que las personas que son encontradas con animales silvestres pueden sufrir sanciones financieras hasta años de cárcel. 

UNA LIBERACIÓN “ESPERANZADORA”

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra hoy 5 de junio, Corpocesar realizó la liberación de 59 especies silvestres que fueron privadas de sus áreas naturales por el hombre. De acuerdo con José López, funcionario de la sectorial de Seguimiento Ambiental de Corpocesar, se liberaron 50 morrocoys, cinco especímenes de Guacamayas gonzalas o azul y amarillo (Ara ararauna), tres tucancillos collarejo o arasarí acollarado​ (Pteroglossus torquatus) y un mapache.

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Se realizó la liberación de 59 especies silvestres.

“Se hizo el estudio técnico y verificación de la zona para liberarlos acorde a las necesidades alimentarias de las especies y sus comportamientos. La jornada se realizó en conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, y se tiene previsto realizar más liberaciones en el transcurso del año conforme sean recuperadas las especies”, comentó López. 

Por otro lado, Pablo Ortega, director de la Red de Fauna y Flora Silvestre de Corpocesar, explicó que el número elevado de morrocoys a liberal es común debido a que las personas culturalmente se han “acostumbrado a comprarlos para tenerlos como mascotas”, y en un momento determinado cuando se les complica la alimentación de la especie los entregan de manera voluntaria a la corporación y estos son trasladados al Centro de Atención y Valoración de Fauna, CAV. 

Agregó que las jornadas de liberación de fauna silvestre se realizan en áreas que están lejanas a las comunidades para que las personas no se sientan amenazadas por las especies, y también por la protección de los ejemplares  que son cazados por particulares.

Por: Namieh Baute Barrios / EL PILÓN