Sandra Santiago B.
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Cuando el esposo de Mabel quedó sin empleo, ella creyó que con el montaje de un restaurante en el centro, él podría solucionar su problema y así seguir teniendo ingresos para cumplir con las obligaciones del hogar.
Hizo un crédito, compró vajillas, mesas, baterías de cocina, entre otros enseres para hacer realidad el negocio. Seis meses después, Mabel se vio obligada a cerrar lo que en un principio consideró como alternativa de trabajo para su esposo. Según dijo, cerró por varias razones: “bajas ventas y que yo tengo otro trabajo, entonces era mucha carga laboral para mí, porque cuando la señora que me cocinaba no iba, yo tenía que ponerme al frente”.






