Desde que comenzó el paro en la Drummond, a María Riascos se le queda la sopa y cuando son las tres de la tarde, empieza a ver a quien se la regala. Con la donación que hace del alimento se va la inversión, las ganancias y también las ilusiones de tener recursos para su sustento.
Para María la huelga en la multinacional se ve y se siente en La Loma, jurisdicción de El Paso, en donde se encuentran los proyectos carboníferos, “mire como está esto solo, es una soledad terrible, porque uno vive es de los mineros”, asegura la mujer, quien dice que hasta los fritos que hace para venderlos a los estudiantes del colegio Benito Ramos Trespalacios, ubicado frente a su negocio, se le quedan, “porque al haber paro, los pelaos tampoco traen plata para comprar”.
De preparar cuatro kilos de harina para hacer los fritos, María quedó haciendo dos y aún así no logra venderlos.






